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-REFUNDAR LA OPOSICION DE LOS
TRABAJADORES-
-CONSTRUIR EL
PARTIDO REVOLUCIONARIO-
“Ha llegado el momento de
construir un partido autónomo.
Debemos fundar un partido
que se contraponga a los partidos seudo-comunistas que abusan de la palabra
comunismo para engañar a las masas y que operan, en cambio, en acuerdo con las
clases dominantes.
Debemos construir un
partido que represente los intereses de los trabajadores. Un partido con un
programa revolucionario, en el cual los objetivos y los medios para alcanzarlos
sean decididos con intransigencia y firmeza inquebrantable.
Un partido en el cual todo
sea en función de los intereses de la revolución socialista.”
Karl Liebknecht, 1918
QUE
QUEREMOS DECIR CON ESTAS TESIS.
PREMISA.
La exigencia de construir
un partido revolucionario a nivel internacional y nacional se deriva de algunos
elementos que pueden ser resumidos en los siguientes puntos:
1)
El modo de producción capitalista
es incapaz de ofrecer a la humanidad ninguna perspectiva de progreso, este ha
entrado en la época de su decadencia histórica. Su anacrónica sobrevivencia
solo es posible al precio de continuas guerras de rapiña, a través de las
cuales los países imperialistas se apropian de los recursos de los países
dependientes, y con un creciente grado de explotación de los trabajadores
asalariados de los mismos países capitalistas avanzados. Se acentúa
constantemente la polarización económica a nivel mundial entre países avanzados
y países dependientes, y, dentro de cada país, entre los pocos que detentan
inmensas riquezas y los muchos que viven con bajos salarios.
Guerras militares y guerras
sociales constituyen hoy mas que nunca los rasgos característicos de un sistema,
cuya permanencia, en ausencia de una alternativa socialista, conducirá a la
destrucción de los recursos del planeta y del planeta mismo, y a nuevos y mas
extensos conflictos armados, en futuro necesariamente también entre los mismos
bloques imperialistas, hoy en guerra solo a nivel comercial, pero mañana
enfrentados también a nivel militar por la conquista de nuevos mercados, con
efectos fácilmente imaginables. En este sentido el capitalismo corre el riesgo
de ser verdaderamente "el fin de la historia", pero no en el sentido atribuido
a esta expresión por el ideólogo Fukuyama después del '89, es decir, no en el
sentido de etapa definitiva y punto de llegada superior: sino en el de trágico
final para el genero humano.
2) Bloqueando el desarrollo
de la humanidad en el escalón del atraso, el sistema capitalista impide, en los
hechos, el progreso socio-económico correspondiente a los actuales
conocimientos científicos y tecnológicos, conocimientos que, por otro lado, son
contenidos por un sistema que invierte solo sobre lo que produce ganancia.
Con la aplicación técnica
de los actuales conocimientos el hombre podría ser liberado del trabajo. El uso
de las tecnologías modernas en una economía planificada (y por lo tanto
liberada de la anarquía económica capitalista)
consentiría ya, desde hoy,
eliminar a nivel internacional la desocupación, de distribuir el trabajo entre
las fuerzas disponibles, de reducir a pocas horas a la semana las horas
laborales necesarias para cada ser humano.
El sistema actual, en cambio,
no puede sobrevivir sin alimentar la desocupación; sin intensificar los ritmos
de explotación; sin aumentar la alineación y sus consecuentes enfermedades
físicas y psicológicas (en aumento, no obstante, el relativo progreso de la
medicina); sin crear contraposiciones entre los trabajadores, dividiéndolos y
dominándolos, por distinción de sexo y de etnias.
3) En su propio desarrollo
el capitalismo esta obligado a alimentar, con su opresión de clase, la reacción
de la clase oprimida. La lucha de clases - más allá de las ridículas y
recurrentes teorizaciones de su desaparición - continúa a encender cada rincón
del planeta. Esta no se puede eliminar en una sociedad dividida en clases y
solo puede concluir o con la victoria del proletariado (es decir, de la inmensa
mayoría de la humanidad, compuesta por asalariados) o con la sucesiva gangrena
del capitalismo y la consecuente "común derrota de las dos clases en lucha"
(Marx).
El sucederse periódicamente
de fases de ascenso de la lucha de clases y de sus reflujos, primero en un país
y luego en otro; las crisis económicas y políticas que van de un país a otro;
los enfrentamientos en las calles, las guerras civiles, las revoluciones que se
alternan en fases de estancamiento o reflujo de las luchas, confirman que la
posibilidad de derribar este sistema social esta escrito en su misma
naturaleza, siendo imposible su desarrollo pacifico, siendo inevitable la
rebelión de las fuerzas productivas contra las relaciones de producción.
4) Cada variante del
capitalismo, mas allá de las diferencias superficiales, responde a los
criterios aquí descriptos, que son determinados por la naturaleza de clase de
este sistema socio-económico, y que se refleja inevitablemente sea en los
regímenes reaccionarios como en los así llamados "progresistas", sea en los
gobiernos de derecha o centro-derecha como en los de "izquierda o
centro-izquierda.
La larga lista de
experimentos de presuntos gobiernos progresistas - con todas sus posibles
variantes - en todos los continentes, inclusive considerando solo los últimos
veinte años, es elocuente: la
Francia de Jospin, el Brasil de Lula, la Sudáfrica de Mbeki, el
"Nuevo kennedysmo" de Clinton en los EE.UU., Blair en Gran Bretaña, Schroeder
en Alemania, la España
de Zapatero y las tantas experiencias de "centro-izquierda" en América Latina
(a partir de Argentina), etc...
La política sustancial de
estos gobiernos se ha distinguido de aquella de los gobiernos de derecha o
centro-derecha solo en los aspectos secundarios o en la terminología empleada
para describir las mismas políticas: las políticas necesarias para defender los
beneficios de las clases dominantes imponiendo al proletariado el costo de la
crisis de turno.
5) Los gobiernos
"progresistas" se han caracterizado, así, no tanto por la introducción de un
"nuevo capitalismo con rostro humano" - que no puede existir - sino, sobretodo,
por el intento de quebrar o prevenir la reacción de las clases subalternas
implicando en el gobierno a partidos obreros y sindicatos, para intentar (según
el caso) de desarmar conflictos que, a veces, han alcanzado niveles
pre-revolucionarios (como paso en Argentina) o para prevenir conflictos
(especialmente en el caso de Europa) imponiendo una "paz social" que en el
régimen capitalista solo significa el desarme político e ideológico de una de
las dos partes (obviamente los explotados).
Es sobre estas mismas
líneas que se esta moviendo el recién nacido segundo gobierno Prodi, en el cual
ha confluido - con la tarea de amortizar las luchas - Rifondazione Comunista,
un partido en el cual muchos de nosotros hemos participado por años, saliendo
del mismo en el momento de su abandono definitivo - aunque si formal - del
proyecto de "redundar" un partido que este de la parte de los trabajadores.
Las maniobras financieras
del nuevo gobierno italiano, las misiones militares coloniales que prepara,
confirman que su papel esta determinado por la naturaleza de clase del bloque
social que lo sostiene: un gobierno de la grande burguesía imperialista
italiana empeñada, hacia adentro, en la guerra contra los trabajadores, y hacia
afuera en la guerra contra los países dependientes (desde Afganistán hasta el
Líbano). En este marco, el intento de Rifondazione Comunista de construirse
como partido "socialdemócrata" (o sea, garante de la colaboración de clases,
pero también de la predistribución de algunas migajas del sistema) resulta, no
solo inconciliable con la perspectiva comunista, sino inclusive, hasta absurdo.
6) Por lo tanto, para los
comunistas, la primera tarea de la lucha política consiste en el trabajo
constante en cada lucha, movimiento, sindicato, para propagandizar y construir
la acción autónoma de la clase obrera: autónoma de la clase adversaria y de sus
gobiernos, de cualquier color político estos sean.
Es la batalla para defender y desarrollar
una oposición de clase intransigente contra cada gobierno, nacional o local, de
la burguesía; y por la tanto es la batalla por la acción autónoma de los
comunistas, oponiéndose a cualquier formación política o electoral con los partidos
liberales. Una batalla que sepa articular consignas inmediatas y de
perspectiva, que ligue el desarrollo de las luchas por reivindicaciones
"mínimas" (ocupación, salario, pensiones, ritmos de trabajo, etc.) con la
propaganda del único sistema económico, político y social - el socialismo - en
grado de satisfacer las exigencias inmediatas y futuras de la inmensa mayoría
de la humanidad.
7) La batalla por una
alternativa real de sociedad exige, no tanto el auspicio de nuevas luchas -
que, como ya dijimos, cíclicamente se encienden - sino la construcción de
aquello que hasta ahora ha faltado: un partido capaz de conducir estas luchas a
la victoria real de los trabajadores, es decir, a la conquista del poder para
instaurar un gobierno "de los obreros para los obreros" (Marx), o sea, la
dictadura del proletariado.
Ninguna lucha parcial,
ningún movimiento, pueden desarrollarse en sentido revolucionario y socialista
en ausencia de un partido de vanguardia basado sobre los fundamentos
programático-organizativos del marxismo. Un partido arraigado entre los
trabajadores y las clases explotadas, un partido que este presente en cada
lucha y cada movilización para desarrollarla, para hacer llegar a los
trabajadores a la conclusión que el único resultado verdadero y definitivo se
puede obtener solo con la independencia de clase, desarrollando la oposición a
la burguesía y a sus gobiernos, propagandizando constantemente una alternativa
de clase, o sea, un gobierno obrero; un partido organizado sobre la base del centralismo
democrático, fuertemente cohesionado y disciplinado, apoyado en sus cuadros
militantes y sobre la elaboración y dirección colectiva (nada que ver, pues,
con el partidito de Ferrando, que intenta reagrupar un bloque sin principios
políticos alrededor de un líder-gurú, o sea, la inútil secta de siempre).
8) Nosotros nos definimos
marxistas revolucionarios, es decir, trotskistas (porque el trotskismo es el
marxismo revolucionario de nuestra época), porque queremos desarrollar un
programa. Un programa que solo el trotskismo consecuente ha defendido en este
siglo contra la socialdemocracia y contra el stalinismo. Solo el trotskismo ha
defendido el programa fundamental del comunismo, que, como decía Lenin, puede
sintetizarse en pocas palabras: dictadura del proletariado.
9) La perspectiva
revolucionaria es internacional. El "socialismo en un solo país" - que fue algo
mas que una teoría, era la cobertura de los intereses de la burocracia
stalinista que solo podía sobrevivir con el aislamiento de la revolución rusa -
es una contradicción total.
Pero la
perspectiva a escala mundial solo es posible construyendo la Internacional
marxista revolucionaria que hoy no existe, la Cuarta Internacional:
allí donde el numero resume un programa y un patrimonio al cual no renunciamos,
y por consiguiente, las bases desde la cuales repartimos. Esto puede ser
realizado empezando por la unificación, sobre bases programáticas
coherentemente trotskistas, de las fuerzas revolucionarias que, en todo país,
se muevan en la perspectiva comunista.
Este es el sentido de las
Tesis que aquí presentamos y del trabajo político que estamos desarrollando en
estos meses de batalla política y de confrontación congresual en vistas del
Congreso fundacional de un nuevo partido.
Para que este proyecto - el
proyecto comunista - pueda desarrollarse y realizarse, será necesaria la
convergencia de miles de militantes revolucionarios. Hoy, nosotros, estamos
solo en la primera fase de este trabajo: pero los posibles desarrollos de nuestra
construcción en los próximos meses podrían ofrecernos la posibilidad concreta
de cumplir, en poco tiempo, pasos hacia adelante muy largos.
Tendremos que enfrentarnos,
ciertamente, a los escépticos. El escepticismo es una vieja enfermedad en el
movimiento obrero. Escépticos son aquellos que te dicen: si, tienes razón, pero
¿como hacemos? Sabemos que nos proponemos cosas difíciles, y si bien no somos
escépticos tampoco somos tontos. Pensamos que, en esta empresa, podemos ganar
por una serie de motivos:
Primero.-
Porque se libera en Italia
un espacio histórico que por años fue ocupado de forma abusiva. Por décadas
hubo un tapón que obstruía la construcción de un partido revolucionario: el
stalinismo. Y luego del derrumbe del stalinismo hubo un taponcito más pequeño,
el PRC (Partito della Rifondazione Comunista). Estábamos en ese partido, no
porque pensábamos de poder cambiar los equilibrios internos, sino para
reagrupar, con un programa alternativo al programa reformista del grupo
dirigente, militantes y jóvenes. Y algo hemos logrado hacer, visto que hoy
estamos aquí. Hoy el PRC libera ese espacio y va a ocupar el lugar que les
compete a los reformistas. No es mas - ni menos en los símbolos ni en las
formas (jamás lo fue en la sustancia) - un partido de oposición de clase. Se
convirtió, con pleno derecho, en un partido de gobierno que va del brazo con
los banqueros. Y este es el primer elemento - el nuevo espacio político - que
nos hace creer que podemos probar.
Segundo.-
Pensamos que este espacio
político se abrirá aun más. El gobierno Prodi se prepara para desatar un ataque
brutal contra los trabajadores a trabes de la aplicación de los presupuestos
del Estado. Este ataque producirá una reacción. Es necesario que una
organización, aunque si pequeña, plante hoy mismo la bandera de la oposición
para que pueda ser visible en las luchas de mañana.
Tercero.-
Podemos partir con un
patrimonio de centenares de cuadros en condiciones de abordar esta empresa: con
tantos jóvenes, tantas energías frescas prontas a la lucha.
Cuarto.-
Pensamos, en fin, de tener
un arma secreta... Que en realidad tan secreta no es: el marxismo revolucionario.
Algo que falta y ha faltado a muchas organizaciones y sectas que, inclusive,
estuvieron en estos años, y están, fuera del PRC. No queremos la exclusividad
de este patrimonio: es el patrimonio de las luchas, de las derrotas y victorias
del movimiento revolucionario de los últimos dos siglos, y nosotros queremos
que se convierta en la bandera de una nueva generación de revolucionarios.
Esta es la propuesta que
lanzamos a todos los militantes comunistas que quieran resolver la crisis
histórica de la humanidad partiendo de la tarea inmediata: el proceso - largo,
difícil, pero indispensable - de construcción de un partido comunista revolucionario.
Tesis 1 - LA
BARBARIE DEL CAPITALISMO Y LA ACTUALIDAD DEL
SOCIALISMO
El capitalismo se basa sobre la explotación de la
fuerza-trabajo, sobre el saqueo de la retribución no pagada a los obreros por
el trabajo efectivamente desarrollado: esta ley es valida aun hoy. La barbarie
del capitalismo se exprime en la concentración de las riquezas en una estrecha
minoría de capitalistas, en perjuicio de la mayoría de la población mundial,
obligada a sufrir una realidad hecha de miseria, desocupación, precariedad. A
nivel internacional, el capital financiero traduce la propia voluntad de
dominio en guerras de rapiña para repartirse las zonas de influencia. Solo la
revolución socialista mundial, que hoy es posible por el mismo desarrollo de
las fuerzas productivas, puede salvar la humanidad de la catástrofe.
El capitalismo del tercer
milenio no presenta, a nivel estructural, caracteres diferentes a aquellos
individuados por Marx y Engels en el siglo XIX: hoy como ayer, es la
explotación del trabajo la cuerda que hace funcionar la economía burguesa. Los
beneficios de la burguesía, es decir, de los patrones, hoy también tienen como
única fuente la usurpación de la plusvalía, o sea, el saqueo de la retribución
no pagada a los obreros por el trabajo efectivamente desarrollado. La barbarie
del capitalismo se expresa sobre todo en la existencia de una estrecha minoría
de capitalistas que concentra en sus propias manos inmensas riquezas, obtenidas
por la explotación salvaje de la inmensa mayoría de la población, obligada a
niveles de vida siempre mas indigentes.
A lo largo del siglo XX, el
capital ha sustituido la libre competición con los monopolios con la
consecuente aplicación de las políticas imperialistas: las guerras coloniales,
que han marcado la cotidianidad de los últimos dos siglos, no son mas que el
resultado de la competición del capital financiero para definir las respectivas
zonas de influencia. Ayer como hoy, capitalismo significa a nivel internacional
guerra, rapiña, bandidaje, opresión colonial; dentro de cada nación miseria,
desocupación, precariedad, discriminación.
Los apologistas - liberales
y socialdemócratas - del capitalismo nos explican que "las clases ya no
existen"; nos dicen que toda hipótesis de transformación socialista de la
sociedad fue sepultada definitivamente por la historia; invitan a las masas
proletarias a contentarse con las migajas y a soportar miseria y sufrimientos
por la riqueza de pocos. Se trata de mistificaciones deliberadas, elaboradas en
nombre de quien quiere que los trabajadores, los jóvenes, los oprimidos,
continúen a pagar la crisis del capitalismo, que siempre mas evidencia que ha
llegado a los umbrales de la putrefacción. La burguesía, que ha celebrado el
derrumbe de la URSS
y de los demás estados obreros degenerados cual definitiva victoria del
capital, no puede escapar a los efectos de una economía basada en la
explotación del hombre por el hombre: las repetidas crisis coyunturales,
bancarrotas, colapsos financieros, vuelven siempre mas inestable el sistema
económico y social.
En los países capitalistas
avanzados, los gobiernos de centro-derecha y centro-izquierda intentan
inútilmente de poner freno a la agonía del capital, sea a través de políticas
neoliberales (con fuertes ataques al coste del trabajo: reducción de los
salarios, precarización de las relaciones laborales, recortes al estado del
bienestar), sea a través de políticas de agresión colonial y de apoyo a la
industria bélica. Como siempre, en el marco del capitalismo, son los
trabajadores, en particular las jóvenes generaciones obreras, a pagar las
cuentas a la burguesía: la realidad cotidiana de la grandísima mayoría de los
jóvenes, aun mas siendo mujeres o inmigrantes, esta hecha de desocupación,
inseguridad laboral, retribuciones miserables, flexibilidad extrema de los
tiempos de trabajo, contratos precarios, ausencia de perspectivas para el
futuro.
La extensión a gran escala
de políticas de agresión colonial - en particular en Medio Oriente - y la
restauración capitalista en los países del este, han hecho mas dramático el
fenómeno de la inmigración en los países de la Europa occidental: luego de
la primera fase de explotación salvaje de la fuerza-trabajo inmigrante - en
virtud de la mayor posibilidad de chantejearla - el capitalismo, siempre mas en
crisis, no logra absorber el fenómeno migratorio, con la consecuente explosión
de fenómenos de intolerancia racial. Para muchas centenas de miles de
inmigrantes, la vía obligada esta hecha de clandestinidad, criminalidad,
miseria: se trata de fenómenos que crean fuertes contradicciones dentro del
proletariado, con la difusión entre los trabajadores de actitudes racistas, de
las cuales la burguesía se sirve para consolidar la propia hegemonía.
De igual modo, los derechos
de la mujer sufren ataques siempre mas fuertes, sea por el mantenimiento del
bloque entre la iglesia y la burguesía, sea por el continuo desmantelamiento de
los servicios sociales (guarderías, asilos, hospitales, etc.), que, junto al
grave aumento de la desocupación, condena aun mas a las mujeres al papel de la
simple reproducción social: en este marco se dan los reiterados esfuerzos, de
parte de los gobiernos burgueses, de poner en discusión inclusive algunas
conquistas mínimas obtenidas por el movimiento de la mujer de los años sesenta
y setenta, comenzando por el derecho al aborto.
A quien habla de "fin de la
historia" y de la "muerte del socialismo" nosotros respondemos que sin la
revolución socialista mundial el capitalismo arrastrara a la entera humanidad a
la catástrofe. Las premisas económicas de la revolución socialista ya han
alcanzado el punto mas alto posible en el contexto capitalista: es necesario
liberar las fuerzas productivas de las cadenas de las relaciones de producción
que impiden su sucesivo desarrollo; o sea, hay que liberar el trabajo humano de
la propiedad privada de los medios de producción, que es la condición para la
existencia de la burguesía y su dominio. Solo un sistema económico que
garantice las necesidades sociales elementales, basado en el control racional
de la producción, permitirá el desarrollo armónico de las fuerzas productivas,
con la instauración de una sociedad en la cual "el libre desarrollo de cada uno
sea la condición para el libre desarrollo de todos". El socialismo no es solo
factible, sino necesario: es la única respuesta posible a la crisis histórica
de la humanidad.
Tesis 2 - LA CRISI AMBIENTAL: EL CAPITALISMO DESTRUYE EL
PLANETA
Contaminación del aire y de las aguas, degradación de los
terrenos, deforestación, perdida de biodiversidad, aumento de la temperatura
del planeta, destrucción de la capa de ozono, efecto invernadero, crisis
energética, los agentes nocivos de las fabricas, desarrollo de tecnologías de
alto riesgo, el problema de los deshechos y basuras, la agricultura envenenada,
caos urbanístico, el agotamiento de los recursos naturales, son la causa
intrínseca del modo de producción capitalista que regula las relaciones
naturaleza-sociedad con la lógica de la ganancia y el libre mercado.
La crisis ecológica es un
desafió al cual el movimiento obrero y los comunistas tienen que saber dar una
respuesta a nivel teórico y practico, sobre la base de su propio punto de vista
critico y autónomo, y desde una propuesta político-programática. En este
sentido es indispensable, para desarrollar los instrumentos adecuados que
permitan abordar los temas ambientales, recuperar la reflexión original del
marxismo sobre el nexo entre capitalismo-naturaleza a partir de la noción
marxista de "recambio orgánico", que define los modos en los cuales la sociedad
articula los intercambios materiales con la naturaleza, de los cuales dependen
su sobrevivencia y su desarrollo. En el marco de las relaciones capitalistas de
producción, el desarrollo de las fuerzas productivas (es decir, la población
productiva, los medios de producción, los recursos naturales disponibles, los
conocimientos científicos y técnicos) - a los cuales se debe el "recambio
orgánico" entre sociedad y naturaleza - tiende a transformarse en desarrollo de
fuerzas destructivas que degradan el ambiente. Esto por la reducción a
mercancía del trabajo humano, del ambiente y de los recursos naturales. De aquí
la contradicción entre la creciente socialización objetiva de las condiciones y
de las fuerzas productivas (que hacen posible y necesaria su planificación
social) y el carácter privado de su apropiación y gestión, motivada por la
ganancia.
De frente a la crisis
ambiental, las aproximaciones de tipo ético-cultural y el reformismo ecologista
interclasista se muestran inadecuados e impotentes. No será, ciertamente, la
afirmación en la sociedad de una conciencia diferente de los problemas
ambientales y de nuevos valores orientados ecológicamente lo que modificara el
comportamiento de los empresarios y lo que influirá en las políticas publicas
de las autoridades estatales. Los capitalistas, generalmente, contrastan la
introducción de normativas contra la contaminación y vinculantes a nivel
ambiental, con el argumento de la "competitividad" y el aumento de los costos,
con la consecuente disminución de los beneficios, y buscan constantemente la
manera de eludirlas o de evitarlas en todos los modos posibles, legales e
ilegales. Mas aun, hay sectores del capitalismo que se han reciclado dando vida
al ecobusiness, con el mercado de los
"productos ecológicos" y con el de las "reparaciones [comprendidas como falso
"ambientalismo"] ambientales" (el business
de "ensucia y limpia"). Y es igualmente ilusorio confiar en la normativa del
Estado (keynesismo ecológico), no considerando sus limites intrínsecos y su
carácter de clase. El modo en el cual funciona este Estado, su sistema
administrativo y ejecutivo, su estructura, su lógica funcional, son, de hecho,
complementarios a la economía capitalista.
Es por esto que la cuestión
de la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, de la
destrucción del aparato estatal burgués, y la conquista del poder político por
parte de los trabajadores y de las clases subalternas, no puede ser eludida.
Esta, en efecto, representa la condición necesaria para una economía
democráticamente planificada, en la cual la propiedad social de las condiciones
y fuerzas productivas establezca "donde, cosa, como, cuanto y para quien
producir", regularizando en forma consciente y racional la relación entre
sociedad y naturaleza. Pero la perspectiva de esta propuesta debe ligarse a la
formulación de objetivos inmediatos y transitorios que puedan hacer avanzar las
relaciones de fuerza, activar el protagonismo de las masas, que haga crecer la
conciencia colectiva, construir los instrumentos para la autoorganización y la
democracia proletaria, embriones de un contra poder que enfrente a los aparatos
del dominio burgués. Un sistema de reivindicaciones en grado de construir un
puente entre la conciencia de las masas y la comprensión, por parte de las
mismas, de la necesidad de romper el marco de las conciliaciones capitalistas y
de ponerse el problema del poder.
Es indispensable la
organización de los obreros fabriles, de los trabajadores de los servicios
públicos y de las poblaciones en comités (con forma de consejo) que, cuales
reales instrumentos del control obrero y social sobre las actividades
productivas y sobre el ambiente, reivindiquen: la adquisición de todos los
datos en posesión de las instituciones publicas propuestas para el control de
la seguridad en los lugares de trabajo y de la calidad del ambiente,
considerando que en un Estado burgués, las administraciones y los institutos
públicos no son neutrales, sino al servicio de la economía capitalista; volver
a hacer publico, bajo control de los trabajadores del sector y de los usuarios,
los servicios privatizados (agua, gas, deshechos y basuras); la nacionalización
sin indemnización y bajo el control obrero y popular de las instalaciones de
producción de energía, la colectividad decidirá las características técnicas y
las modalidades de funcionamiento; la nacionalización sin indemnización y bajo
control obrero y popular de las fabricas (químicas, farmacéuticas,
agro-alimentaria, etc.) que matan y contaminan, para su reconversión en ciclos
productivos eco compatibles que eliminen el uso y la producción de agentes
tóxicos y nocivos, garantizando la salud de los trabajadores, de las
poblaciones y del ambiente; el principio de la plena responsabilidad en
relación a las consecuencias sociales y ambientales de las actividades
industriales: quien ha obtenido beneficios contaminando debe pagar la
renovación del ambiente, el saneamiento del lugar, la reconversión ecológica
del aparato industrial y los daños producidos a la salud de los trabajadores y
de las poblaciones.
Tesis 3- LAS GUERRAS DEL IMPERIALISMO
La teoría sobre el imperialismo de Lenin aun es actual. Los
últimos eventos nos confirman que no es ilusorio luchar por la destrucción del
capitalismo, sino cultivar utopías en relación a la posibilidad de poder
reformar un sistema que, en toda su existencia, ha llevado a la humanidad al
barril sin fondo de la barbarie, y que aun hoy alimenta un numero creciente de
guerras.
Han pasado noventa años
desde cuando Lenin expreso, de forma acabada, su teoría sobre el imperialismo,
y esta sigue siendo el mejor instrumento para interpretar el mundo
contemporáneo. En todos estos años hubo muchos intentos de combatirla, de
rebajarla al papel de extravagante teoría superada por los hechos. Luego del derrumbe
de la URSS,
estos esfuerzos han encontrado un nuevo impulso. Según algunos presuntos
"teóricos" el análisis leninista ha sido superado, ya que nos encontraríamos en
presencia, no de varios países imperialistas, sino de una sola potencia
imperial, los EE.UU. Además, la importancia de los Estados nacionales estaría
bajo mínimos, se habrían reducido a un rol marginal en relación a la
importancia de las multinacionales o de los organismos "sovranazionali" [que
están por encima de las naciones, ejemplo: FMI, ONU, WTO, etc.]. La
consecuencia política de tales teorías "nuevas", ligadas al fracaso del, así
llamado, socialismo real, es aquella de considerar el reformismo el único
camino posible de emprender para mejorar las suertes de la humanidad.
Se sueña una reforma, en
sentido democrático, de la ONU
y de las varias organizaciones "sovranazionali" (WTO, Banca Mundial, FMI),
vista como un medio, en realidad ilusorio, para garantizar el desarrollo
equilibrado y el bienestar general. Al mismo tiempo, se quiere hacer creer que
Europa, "con su civilización milenaria", pueda asumir el papel de paz,
demarcándose definitivamente del patrocinio estadounidense. Este cuerpo
teórico-político, que debería ser la quinta esencia del realismo, es, en
verdad, un concentrado de utopías irrealizables (además tienen, como mínimo, un
siglo de antigüedad).
La correcta interpretación
de la teoría leninista, así como de todos los análisis basados en el método
marxista, consiste en el hecho que no se limita a observar los aspectos externos
o mas inmediatos de la realidad, sino que indaga de manera profunda, intentando
comprender si los cambios que se verifican son un nuevo modo con el cual una
vieja realidad se manifiesta, o si realmente implican un cambio sustancial.
También hoy, utilizando el método marxista, podemos afirmar la absoluta validez
de la caracterización, en el sentido imperialista, del mundo actual.
El desarrollo de la
producción y la fusión del capital industrial con el capital financiero crean,
siempre más, una situación en la cual a la libre competencia se sustituyen los
monopolios, cuyas dimensiones tienden a superar los límites nacionales. Pero
esto no quiere decir, como afirman algunos nuevos émulos de Kautsky, que
estamos yendo hacia la creación de un único gran trust mundial, que regule en
modo pacifico toda actividad humana y que haga inútil la presencia de Estados
nacionales. En realidad, se trata de un proceso que es todo lo contrario a un
proceso lineal, en el cual se crean nuevos monopolios, otros mueren y las
diferencias entre las clases y las diferencias entre los diferentes países
continúan a aumentar en vez de reducirse. Además, la creación de grandes
multinacionales no minimiza la importancia central de los Estados, es mas, su
papel se torna siempre mas fundamental para la sobrevivencia del
capitalismo.
Podemos dar algunos
ejemplos. El fracaso de la ultima reunión del WTO fue causado por el hecho que
los países imperialistas quieren imponer la supremacía de su producción sobre
la de los países dependientes (es decir, aquellos que no han podido crear una
burguesía propia en condiciones de desarrollar un papel autónomo), condenando a
la miseria a sus pueblos. La oposición del gobierno italiano al proyecto de
fusión entre las carreteras nacionales y españolas, así como la creación por
parte de Paris de una lista de empresas estratégicas que no deben terminar bajo
control extranjero, prueban que también entre países imperialistas los
intereses son todo lo contrario de convergentes, y que el reclamo común a los
valores de "occidente" no significa mucho, si no un tácito acuerdo para
continuar con las políticas de rapiña en los países dependientes. En esta
óptica, el recurso a la guerra (llamada "guerra al terrorismo" o "intervención
humanitaria") no es un incidente casual, sino uno de los modos en como la
competición entre los países imperialistas se evidencia claramente.
Las potencias imperialistas
dejan ver que entre ellas hay evidentes contradicciones, que en esta fase se
manifiestan en las guerras comerciales, en las maniobras diplomáticas, en las
diversas estrategias de intervención militar, pero en futuro podrán desembocar
en enfrentamientos bélicos similares cualitativamente ha aquellos que la
historia ha registrado en el siglo pasado.
Los EE.UU., teniendo una
neta superioridad militar respecto a las otras potencias, intentan hacer valer
su poder militar en la competición mundial para confirmar su hegemonía; pero
las naciones europeas no aplican políticas sustancialmente diferentes. Europa
no es portadora de valores diversos, inspirados en una mayor humanidad
(recordemos los crimines de Inglaterra en la India, de Francia en Argelia, de Italia en Libia
y, más recientemente, en Somalia): su exhortación a la diplomacia es solo
instrumental, y señal de una condición de mayor debilidad militar. Cuando no
puede proceder de otra manera, usa los mismos medios de Washington (Irak,
Afganistán, Líbano).
En esta obra criminal,
Italia aspira a tener un papel que no sea secundario. La penetración en
mercados extranjeros de las multinacionales italianas (Unicredit, Fiat, Eni,
etc.) imita el carácter depredador de las otras potencias, privilegiando su
presencia en los países donde no haya garantías para los trabajadores,
asegurándose, así, enormes y grandes beneficios. Coherente con esta política es
la facilidad con la cual Roma envía tropas de ocupación a todos los rincones
del planeta, llegando a sumar un número de militares que es segundo solo a
EE.UU. y a Gran Bretaña.
Por estos motivos los
comunistas se declaran, de frente a cada agresión imperialista, de la parte del
país dependiente - mas allá de la naturaleza del gobierno que lo conduce -, y
por el derrotismo bilateral en el caso de conflicto entre dos países
imperialistas; en ambos casos reivindicando la necesidad de una lucha basada en
un programa consecuentemente revolucionario.
Una lucha que tenga como
fin la destrucción del capitalismo - en base a todas las barbaries que vivimos
y el rechazo de toda ilusión reformista en relación a la ONU (responsable de las
políticas criminales del imperialismo, desde la creación de Israel en 1948,
pasando por la Guerra
de Corea en el 1951, hasta el embargo genocida en Irak) o al derecho
internacional para la resolución de los conflictos - es un punto imprescindible
de cada organización que se defina revolucionaria. En ausencia de esta
perspectiva, se desarrollaran otras guerras de agresión (el próximo objetivo
probable del imperialismo estadounidense será Irán) y, con el agravarse de la
crisis y de la competición entre los bloques imperialistas, se producirán,
antes o después, encuentros armados entre los mismos.
Los comunistas denuncian la
otra cara de la moneda de la guerra imperialista, y es que esta es el
instrumento para oprimir al proletariado de los mismos países imperialistas,
creándose - por la difusión del espíritu social-chovinista en la sociedad y
entre los mismos trabajadores - una condición en la cual se vuelve aun mas
difícil la propaganda y la agitación revolucionaria, gracias también al
monopolio de la información en manos de la burguesía. Esta usa los
acontecimientos bélicos para regimentar la sociedad y conducir, con menor
resistencia, las contrarreformas políticas y sociales internas.
Tesis 4 - DESPUES DEL DERRUMBE DEL STALINISMO
La caída de los Estados obreros - que degeneraron como
consecuencia del desarrollo aberrante de la burocracia parasitaria stalinista y
colapsaron bajo el peso de las contradicciones producidas - inclusive
determinando una derrota histórica para el proletariado, ha abierto nuevas posibilidades
para el desarrollo de una verdadera perspectiva socialista. Nuevas
contradicciones entre las clases han estallado a nivel mundial, haciendo que
sea siempre más urgente el retorno al programa original que ha permitido a los
bolcheviques conquistar el poder.
Entre 1989 y 1991 se
sucedieron aquellos acontecimientos que han provocado la caída de los Estados
obreros de Europa del este - gobernados por la burocracia stalinista - y que
han dado inicio a la restauración capitalista. La rapidez con la cual se ha
desarrollado este proceso ha sorprendido ha quien consideraba tener frente a si
sistemas sociales particularmente sólidos, destinados a durar por mucho tiempo.
En realidad, la naturaleza de estos regimenes estuvo siempre caracterizada por
su inestabilidad estructural. Por diferentes motivos:
Primero de todo, por como la burocracia - un
estrato privilegiado de dirigentes del Estado y del Partido - ha conquistado el
poder, primero en la URSS
y luego en las "democracias populares": no en cuanto desarrollo dialéctico y
natural de la revolución de Octubre y de los principios del marxismo, sino como
su negación termidoriana.
De hecho, para afirmarse
debió eliminar físicamente toda la vanguardia revolucionaria en Rusia y a nivel
internacional y, para justificar su poder, tuvo que romper con los principios
básicos del marxismo revolucionario, llegando a teorizar la construcción del
"socialismo en un solo país", o sea, la coexistencia con el capitalismo
internacional. A esto hay que sumar la naturaleza contradictoria de estos
Estados. La destrucción del sistema capitalista con la abolición de la
propiedad privada, factor en si históricamente progresivo, ha chocado con el
hecho de que la planificación económica era elaborada no para satisfacer las
necesidades de la población, sino para tutelar los intereses y los apetitos
parasitarios de la burocracia dominante.
Esta situación, ligada al
control policial de la sociedad por parte de la burocracia, ha provocado, de
forma periódica, insurrecciones obreras, cuyos objetivos eran el
restablecimiento de una verdadera democracia obrera y del control real por
parte de los trabajadores sobre la economía y sobre el Estado: Alemania del
este en 1953, Hungría en 1956, Checoslovaquia en 1968, Polonia en el periodo
que va desde finales de los años '70 e inicios de los '80.
La derrota de estas
revoluciones políticas por falta de una dirección revolucionaria, la
desacreditación que el "socialismo real" adquirió ante las masas, la gravedad
de las medidas adoptadas para reintroducir, de manera siempre mas sistemática,
mecanismos de mercado a partir de los años '80, han creado condiciones tales,
que las contradicciones acumuladas en decenas de años llegaron al punto de
ruptura.
En el derrumbe de los
Estados obreros, una característica común fue que el proletariado no solo no
logro desarrollar un papel independiente respecto a las fuerzas que proponían
una solución pro-capitalista al colapso del stalinismo, sino que, en casi todos
los casos (excepto en una fase inicial en Rumania), no fue ni siquiera
protagonista de aquellos acontecimientos, ni aunque con un papel subalterno.
Esto ha sido posible porque en todos estos países no existía una organización
revolucionaria de los trabajadores. La principal responsable de tal ausencia fue
la represión stalinista, a la cual hay que agregar la política de la corriente
mayoritaria del trotskismo internacional (el Secretariado Internacional, que
luego se llamo Secretariado Unificado, de Pablo, Mandel y Maitan), que en los
años '50 sostenía la teoría de la inutilidad de
la construcción de partidos
basados en el programa de la Cuarta Internacional
en los países obreros, esperando una espontánea
evolución hacia la izquierda, en un sentido revolucionario consecuente, de la
burocracia stalinista.
Sin embargo, el derrumbe
del stalinismo fue desde el primer momento un proceso no lineal. Por un lado,
el desarrollo monstruoso de la burocracia parasitaria, que fue la expresión
característica unida al peso de las explosivas contradicciones que se produjeron,
ha determinado la caída de los Estados obreros degenerados: no obstante, la
caída de estos unida a la restauración del capitalismo, ha marcado una derrota
histórica para los trabajadores, y no solamente en los países comprometidos en
este proceso. El mercado y la democracia burguesa han comportado la caída en
vertical de los salarios, el aumento de la desocupación, la destrucción del
estado social y, más en general, de todas las conquistas revolucionarias de los
trabajadores.
En la ex-URSS y en la ex-Yugoslavia
se verificaron guerras sangrientas entre las diferentes nacionalidades que
hasta entonces habían convivido en Estados multinacionales: esto fue posible,
no por el reflorecimiento de un ancestral odio étnico artificialmente
reprimido, sino por la brusca desaparición de los vínculos sociales que hasta
ese momento habían existido. Mientras decenas de millones de personas
precipitaban en un estado de absoluta indigencia, pocas elites acumulaban riquezas exorbitantes. Se trataba, sobre todo, de
ex-burócratas que se convertían rápidamente en la nueva clase burguesa. Se
confirmo la previsión de Trotsky, según la cual si la burocracia stalinista no
era eliminada por una revolución política, se transformaría en el sujeto que
habría permitido la restauración del capitalismo.
Desde otro punto de vista,
el modo particularmente violento y brutal en que se ha dado el retorno al libre
mercado ha provocado que desde el inicio se manifestasen resistencias al curso
emprendido por la historia. Hagamos algunos ejemplos: en Rumania, a inicios de
los '90, los mineros se manifestaron y enfrentaron contra aquellos sectores de
la sociedad, sobre todo estudiantes, que reclamaban pasos decisivos en la
reformas del mercado. En Albania, en el '97, después del fraude de las "sociedades
pirámides", hubo una verdadera y propia revolución, con la creación embrional
de un contra poder a través de organismos de tipo consegil, también derrotada
gracias a la intervención de las tropas imperialistas italianas y a la falta de
una dirección consecuente. En Rusia, todo el periodo del gobierno Eltsin fue
caracterizado por la oposición de los trabajadores a las privatizaciones,
oposición que ni siquiera el golpe contra el Parlamento del 1993 y la
instauración de un régimen bonapartista lograron frenar totalmente.
En conclusión, podemos
afirmar que el retorno al capitalismo no ha dado los frutos esperados a sus
sostenedores, no ha señalado el comienzo de una nueva era de desarrollo y
bienestar, es más: quien preveía que la creación de nuevos mercados habría
evitado las crisis en el mundo capitalista ha sido desmentido. La restauración
del capitalismo y el consecuente refuerzo del imperialismo, ha significado una
derrota para el proletariado internacional. Sin embargo, contemporáneamente, el
derrumbe del stalinismo y el fracaso del mercado han demostrado que la
verdadera alternativa para la humanidad puede llegar solo de una revolución que
recoja los principios originales del bolchevismo, defendidos y desarrollados
por la Oposición
de Izquierda y por la
Cuarta Internacional de los orígenes. En este sentido, no es
contradictorio afirmar que de esta derrota puedan nacer nuevas victorias.
Tesis 5 - LA REVOLUCION PERMANENTE
EN LOS PAISES DEPENDIENTES EXIGE OTRAS DIRECCIONES
Históricamente, el desarrollo de la burguesía imperialista
tiene una relación directa con el saqueo de los países dependientes. Por este
motivo, la lucha de liberación de los pueblos oprimidos solo se puede realizar
dentro del proceso de "revolución permanente", que desarrolle - como única
solución posible - las reivindicaciones democráticas en lucha hacia y por el
socialismo y la dictadura del proletariado. Para este fin son necesarias
direcciones políticas diferentes de las actuales, que son pequeño-burguesas y
nacionalistas, subordinadas al imperialismo: hacen falta partidos
independientes, basados en un programa revolucionario.
Lenin explica en
"Imperialismo, fase superior del capitalismo" como el capital ha añadido a los
múltiples viejos motivos de la política colonial la lucha por las materias
primas, por la exportación de capital, por las esferas de influencia, o sea,
por las regiones que ofrecen negocios ventajosos, concesiones, beneficios
monopólicos, la lucha por el territorio económico en general y para debilitar
los directos competidores imperialistas. Con el inicio de la descolonización a
mitad del novecientos, las ex-colonias han conquistado formalmente la
independencia política de sus opresores, pero no han quebrado el dominio
económico y financiero al cual quedaron sujetas. Las direcciones nacionalistas,
precisamente por defender los propios intereses de clase, no podían ir mas allá
de las reivindicaciones democráticas inmediatas, terminando por sacrificar
también a estas, por su alianza con el imperialismo. Estos países, por lo
tanto, luego de haber alcanzado su independencia formal, quedaron rehenes del
imperialismo, que los controla a través de un complicado sistema financiero
hecho de deudas, de inversiones de capitales, etc. El stalinismo, dejando a la
deriva las revoluciones anticoloniales, tiene enormes responsabilidades
precisamente por haber sometido, antes y después, los procesos de liberación
nacional, los trabajadores y las masas populares, a las direcciones
nacionalistas burguesas. He aquí porque solo una dirección proletaria, un
partido comunista que defienda la propia independencia política y organizativa,
puede, a partir de las reivindicaciones democráticas (reforma agraria,
verdadera independencia nacional, asamblea constituyente, derechos civiles,
etc.), dirigir el proceso revolucionario hasta romper con el imperialismo y
avanzar en la revolución socialista en el marco de la revolución permanente.
Se confirma, en fin, la
validez de la teoría de la revolución permanente de Trotsky, que afirmaba:
"Para los países (...) coloniales y semicoloniales, la teoría de la revolución
permanente significa que la verdadera y acabada solución de sus problemas de
democracia y libertad nacional no se puede concebir si no por obra de la
dictadura del proletariado, que asuma la dirección de la nación oprimida y,
ante todo, de sus masas campesinas." (De "¿Que cosa es, por lo tanto, la
revolución permanente? Tesis", 1929).
Si es verdad que hoy ningún
país posee colonias comparables a las de los siglos pasados, es igualmente cierto
que el mundo nunca estuvo dividido entre potencias y países dependientes como
actualmente. Desde Medio Oriente hasta América Latina, son siempre más
numerosos los pueblos que reclaman un futuro diferente al presente, hecho de
hambre, miseria, desocupación, guerras. Entre estos, el pueblo palestino es uno
de los mas expuestos directamente y sometidos al dominio imperialista. Los
palestinos, todavía hoy, ven negado incluso el derecho a la formal
independencia nacional; son victimas de un verdadero y propio caso de
colonialismo.
La segunda Intifada y la
reciente victoria electoral del Movimiento de Resistencia Islámico sunita Hamas
han mostrado, a pesar de todo, como el pueblo palestino rechace la política
capituladora y la corrupción de la
ANP, dirigida por Al Fatah, demostrando su determinación a
continuar con la lucha de liberación. Al mismo tiempo, sabemos que, de ningún
modo, la dirección islamista de Hamas, que ya ha llegado a acuerdos con Al
Fatah, puede representar plenamente las legitimas aspiraciones históricas de
las masas palestinas. De aquí la necesidad de una dirección proletaria
consecuente también en Palestina.
Aunque Irak se encuentra
hoy bajo la directa ocupación militar por parte de las potencias occidentales.
Sin embargo, el plan imperialista para un rápido sometimiento del pueblo iraquí
a su propio dominio, ha encontrado en su camino una resistencia armada
arraigada en el pueblo que no preveía. La resistencia iraquí ha inclusive
obligado a los EE.UU. a renunciar de agredir, hasta hoy, a Irán y Siria.
Es deber de todos los
comunistas sostener estas luchas de liberación (Palestina e Irak),
independientemente del juicio que tengamos de sus direcciones; sea porque cada
derrota del imperialismo es un golpe al sistema capitalista y estimula la reacción
del movimiento obrero mundial; sea porque solo participando en la lucha contra
el imperialismo en un frente único - manteniendo la propia independencia
política y organizativa - es posible quitarles de las manos a las direcciones
nacionalistas, pequeño-burguesas y fundamentalistas, las fuerzas proletarias,
para conducirlas hacia la construcción de partidos comunistas. Esta es la única
garantía para el desarrollo en sentido socialista de la lucha actual que, al
contrario, será frenado por las presentes direcciones, capitulando
inevitablemente, antes o después, al imperialismo. La lucha por otra dirección
es, además, la única forma de contener la influencia del fundamentalismo
islámico (que hoy predomina después de la crisis de las direcciones pequeño-burguesas
y stalinistas) entre las masas de estos países.
También América Latina esta
atravesada por fuertes movimientos antiimperialistas: las insurrecciones
populares que se dieron en Argentina, Venezuela y Bolivia a partir del 2001, y
el desarrollo de grandes movimientos de lucha en Brasil, han demostrado
ampliamente como estos pueblos busquen una solución a la propia pobreza y ruina
económica causada por el imperialismo.
Este difundido sentimiento
popular ha llevado al poder, en ausencia de un fuerte y arraigado partido
marxista revolucionario, a fuerzas populistas (Chávez y Morales),
socialdemócratas (el PT de Lula) y liberales que han, de hecho, favorecido la
relativa estabilización del dominio burgués. Así los varios Kirchner y Lula se
demostraron los mas fieles ejecutores del pago de sus deudas externas, que
cargan, obviamente, sobre las espaldas de los trabajadores, y renunciando a
cualquier medida progresista en favor de las masas.
El mismo Chávez, dando su
plena confianza a las fuerzas armadas y evitando de expropiar a los grandes
magnates (comenzando por los del petróleo), ha debilitado en mas de una ocasión
el mismo poder conquistado en las elecciones parlamentarias, negándose
categóricamente a armar al proletariado y de poner en marcha una política seria
de nacionalizaciones bajo control obrero.
Por ultimo, Evo Morales,
que llego al poder en Bolivia a través de elecciones pero luego de una
verdadera y propia insurrección armada, esta ya demostrando claramente su
traición a la causa por la cual fue elegido, limitándose a renegociar con mucha
cautela algunas concesiones para la explotación del gas natural por parte de
las multinacionales imperialistas.
Aunque en situaciones
diversas, la lección de América Latina también es la misma: sin una dirección
trotskista, no es posible la superación del sistema de dependencia. Ninguna
revolución puede detenerse a mitad de camino, la dirección de las luchas puede
ser solo del proletariado que, reagrupando a su alrededor a las masas
populares, avanza hacia la revolución socialista, arrastrando otros países
detrás del propio ejemplo, en el marco de la revolución permanente. O la
dirección de estas luchas será una dirección socialista e internacionalista
(solo el apoyo de las masas de los países capitalistas avanzados puede hacerlas
vencer definitivamente) o será imposible que una dirección burguesa rompa sus
vínculos con los capitalistas extranjeros.
Tesis 6 - ITALIA: LOS DOS POLOS DE ALTERNANCIA BURGUESA
Después de la restauración del capitalismo en la URSS y luego del fenómeno
"tangentopoli" ["tangente": "coima"], en Italia hemos asistido a un cambio
político radical en el interior de la mismas formaciones burguesas. La
afirmación del sistema mayoritario, el nacimiento de nuevos partidos, la
transformación del PCI (Partido Comunista Italiano) en PDS (Partido democrático
de Izquierda) - ahora DS, Demócratas de Izquierda - han abierto el camino a la
alternancia de gobiernos de centro-derecha y de centro-izquierda. La política
económica de ambas formaciones burguesas (desde el primer gobierno Berlusconi
hasta el actual gobierno Prodi) estuvo caracterizada por un mismo elemento en
común: la defensa de los grandes grupos capitalistas italianos, frente a la
crisis coyuntural, a través de políticas anti-obreras.
Entre el final de los años
'80 e inicios de los '90, con la restauración del capitalismo en la URSS y en los Estados obreros
degenerados de Europa oriental, la burguesía europea ha inaugurado un nuevo
curso político, sea en relación a los diferentes partidos stalinistas, sea en
relación de los partidos de origen socialdemócrata y socialista. Con el Tratado
de Maastricht del 1992, el nacimiento de la Unión Europea y la
introducción del euro en el 2002, el capitalismo de los principales países
europeos (Francia y Alemania in primis)
ha intentado traducir el fracaso del Pacto de Varsovia en fortalecimiento del
polo imperialista europeo. En este marco, los partidos ex-socialistas y
ex-comunistas (stalinistas) asumieron una nueva apariencia: en algunos casos se
han transformado en representantes directos - evolucionando de partidos obreros
burgueses a partidos liberales - de los intereses de las diferentes burguesías
nacionales (por ejemplo: la socialdemocracia alemana con Schroeder, los
socialistas franceses con Jospin, los laboristas ingleses con Blair, el PDS en
Italia); además, nacieron nuevos partidos que asumieron el papel clásico de la
socialdemocracia (como es el caso del PDS alemán y el PRC- Partito della
Rifondazione Comunista en Italia).
En nuestro país, el fin del
bloque soviético, asociado al caso "tangentopoli", ha significado un cambio
político radical en el interior de las mismas formaciones burguesas: casi todos
los viejos partidos han desaparecido o han sufrido transformaciones, comenzando
por la disolución de la DC
(Democracia Cristiana) y del PSI (Partido Socialista Italiano), del nacimiento
de Forza Italia y Liga Norte, hasta la transformación del MSI (Movimiento
Social Italiano) en AN (Alianza Nacional). Sobre todo, luego de la caída del
muro de Berlín, en 1990 el XIX Congreso del PCI sanciono el pasaje a PDS (luego
DS), abandonando, también en el nombre, cualquier referencia al comunismo y con
la asunción de un programa liberal de representación directa de los intereses
de la burguesía italiana. Con la imposición, en 1993, de un sistema electoral
con predominio mayoritario, por mas de una década se sucedieron gobiernos de
centro-derecha y de centro-izquierda: no obstante se haya hablado del fin de la
"primera Republica", en realidad, se ha tratado de un simple "cambio de traje
institucional" por parte de los mismos grupos capitalistas que, desde la
posguerra hasta hoy, manejan las riendas de la economía italiana.
La burguesía italiana, a
partir de los grandes grupos bancarios y la Confindustria, se ha
adaptado a los varios gobiernos en cargo: primer gobierno Berlusconi (1994);
gobierno Dini (1995); primer gobierno Prodi (1996), seguido por el gobierno
D'Alema (1998); Segundo gobierno Berlusconi (2001). La política económica de
estos gobiernos, independientemente de las formaciones políticas que lo
conformaban, fue caracterizada por el mismo hilo conductor: la defensa de los
grandes grupos capitalistas italianos, de frente a la crisis coyuntural, a
través de políticas anti-obreras. Las recetas, que consisten en hacer pagar la
crisis a los trabajadores, contienen los mismos ingredientes: desmantelar el
estado social con graves recortes a la salud, educación, servicios sociales;
aumento de la edad de jubilación; precarización salvaje de las relaciones laborales;
drástica disminución del poder adquisitivo de los salarios; incentivos a las
empresas y privatización de los entes públicos. En ocasión de las recientes
elecciones del 2006, la crisis del berlusconismo se ha traducido en la toma de
posición explicita por parte de la Confindustria, en la voz de Montezemolo, a favor
de la formación de centro-izquierda y de la Unión, y sosteniendo la futura constitución de un
"partido democrático" que facilite la alternancia entre las dos formaciones
burguesas mas importantes.
Lo que ha provocado a los
principales grupos capitalistas del país a cambiar caballo fue, antes que nada,
la incapacidad del gobierno de derechas de garantizar la paz social necesaria
al capitalismo para continuar a producir beneficios, sin turbulencias, sobre
las espaldas de los trabajadores.
La incapacidad del gobierno
Berlusconi de actuar políticas de concertación - es decir, de obtener el
consenso de las burocracias sindicales, comenzando por la CGIL (Confederación General
Italiana de los Trabajadores), a las políticas liberales - se ha traducido en
el estallido de fuertes protestas sociales: desde las manifestaciones de
millones de trabajadores en defensa del articulo 18, hasta las luchas radicales
de los obreros de Melfi, de los conductores de autobús y trenes, de los
estudiantes, de los habitantes de Scanzano. No es casualidad que las grandes
familias del capitalismo italiano y los grandes Bancos - desde Montezemolo a
Tronchetti Provera, desde Banca Intesa a Unicredit, desde Banca San Paolo a Monte
dei Paschi - hayan aplaudido la victoria, aunque si por un estrecho margen de
votos, de la Unión. La
entrada del PRC en el equipo de gobierno es un nuevo elemento estratégico:
Rifondazione Comunista asume el papel de cobertura de izquierda de las políticas
filo patronales del gobierno, es el bombero de los conflictos sociales. Si por
un lado la burguesía tiene como objetivo recomponer, con la concertación, la
fractura entre la CGIL
y el gobierno con el fin de controlar y acallar las luchas obreras, por el otro
necesita, mas aun en una fase de crisis económica, prevenir la posible
explosión de conflictos, no inmediatamente enmarcados en el frente sindical, a
partir de los movimientos juveniles contra la Guerra y contra la precariedad (se vea el ejemplo
francés). La asunción directa por parte del PRC de responsabilidades de
gobierno, con Bertinotti como presidente de la Cámara de Diputados y
Ferrero como ministro, es una carta que la burguesía italiana juega con el fin
de consolidar su propio dominio: una victoria para los patrones, una derrota
para las luchas y conflictos sociales de un entero periodo.
Tesis 7 - ITALIA: UN PERIODO DE LUCHAS
Las luchas obreras de los últimos años demuestran la
inconsistencia de las teorizaciones sobre el final de la lucha de clases y de
la desaparición de la clase obrera. Una joven y combativa clase obrera se ha
echado a las calles a pesar de las traiciones de las direcciones sindicales y
políticas. En la construcción del partido revolucionario, trabajaremos por la
unificación de las luchas y por ganar a la vanguardia del proletariado para el
programa socialista.
Contra las teorías de
presuntos intelectuales de "izquierda" que nos dicen que la época que estamos
viviendo a significado el fin de la lucha de clases y de la desaparición de la
clase obrera, las luchas de los últimos años en Italia demuestran que esta
existe y, hoy mas que nunca, se echa a la calle contra la degradación de las
condiciones de trabajo, la precariedad, los despidos, los salarios siempre mas
reducidos, el aumento de la explotación que se manifiesta a través del aumento
de los ritmos de trabajo, de las horas trabajadas y de los accidentes, todo
esto en el marco de perdidas constantes de las conquistas sociales y sindicales
obtenidas por el movimiento obrero en largos periodos de lucha.
Basta, solamente, volver a
recorrer los años mas recientes para darse cuenta que, de forma intermitente
pero con fuerza, ha habido movilizaciones significativas que han interesado
diferentes sectores de trabajadores, desde los metalúrgicos a los trabajadores
del transporte, de la limpieza, a los inmigrantes, a los estudiantes y a los
trabajadores de la educación, junto a las luchas territoriales ligadas a los
fenómenos de la liquidación y devastación de los territorios y de los ataques a
la salud publica.
Entre las luchas sindicales
mas significativas debemos evidenciar las luchas de los conductores de
autobuses y trenes que se extendieron por toda Italia, prolongándose como
reacción al acuerdo firmado por la burocracia sindical, con huelgas espontáneas
y radicales; la resistencia obrera contra la crisis de la Fiat en el 2003; la lucha por
los contratos de los metalúrgicos en el 2003 con grandes movilizaciones y
huelga general; la lucha en Alitalia, en la cual los trabajadores, contra el
desmembramiento empresarial y la expulsión de la fuerza trabajo como su
consecuencia, ocupan las calles y la estación aérea; los veintiún días de lucha
de los obreros de la Fiat
de Melfi, que con la consigna de "huelga prolongada hasta la victoria" ponen en
discusión el modelo de fabrica integrada donde rigen, con el consentimiento de
los sindicatos, la explotación en la cadena de montaje, "gabbie salariali"
["jaulas salariales": contratos tipo por sectores, que cambian las condiciones
de la contratación en negativo, pero cobrando siempre la misma cifra],
derogación de las normas que prohíben el trabajo nocturno de las mujeres; la
radicalización de las luchas con piquetes y huelgas salvajes en las acerías AST
de Terni contra el cierre y el traslado de las instalaciones fuera del país; y
las sesenta horas de huelga en el 2005 de los metalúrgicos por la renovación de
la parte económica del contrato nacional, con doscientos cincuenta mil
trabajadores en la calle.
Y mas recientemente: la
huelga y la manifestación de los treinta mil trabajadores de la limpieza,
sector en el cual mas del 70% de los trabajadores es precario y vive graves
condiciones laborales; la lucha de los trabajadores precarios del call-center
Atesia, que en la indiferencia de las instituciones burguesas, de la burocracia
sindical y de las fuerzas políticas de la izquierda de gobierno, se movilizan y
se autorganizan contra los despidos y los acuerdos firmados por los sindicatos
confederales y contra las políticas del ministro de "izquierda" Damiano.
Son solamente algunos
ejemplos de luchas obreras que en realidad han tenido, y siguen teniendo,
difusión a través de pequeñas y grandes luchas en toda Italia, y a las cuales
se van agregando las batallas conducidas por un nuevo movimiento estudiantil
que salio a la calle en noviembre del 2005 contra la reforma Moratti, después
de haber ocupado universidades en toda Italia; las innumerables movilizaciones
de los inmigrantes contra la ley Bossi-Fini y por la conquista de derechos sociales;
las rebeliones populares contra el incinerador de Acerra construido por
Bassolino; contra el deposito de escorias nucleares decidido por el gobierno
Berlusconi en Scanzano; contra la construcción del puente en el estrecho de
Messina y contra el TAV (Tren de Alta Velocidad) en Val di Susa.
Pero, ¿cuales son las
características de estas luchas? Antes que nada salio a la calle una nueva
generación de trabajadores, combativos, que viven hoy, mas que sus padres, la
explotación, la precariedad. Han elegido métodos de lucha radical, por fuera de
las reglas, como los cortes de carreteras, piquetes, huelgas prolongadas. Se
han verificado enfrentamientos con las burocracias sindicales, en medio del
rechazo general a la concertación, con epílogos, en algunos casos, dramáticos,
como el despido de algunos obreros de la Fiat de Pomigliano d'Arco que se habían opuesto
al acuerdo firmado por los sindicatos.
Pero algunas de estas
luchas han puesto al desnudo el conflicto entre los trabajadores y sus
direcciones sindicales y políticas, cosa que ha producido frecuentes derrotas.
La burocracia sindical y fuerzas políticas como el PRC, solo en palabras
cercanos a los trabajadores, han contenido y desviado las potencialidades que
surgían de estas luchas y, de frente inclusive a un gobierno reaccionario como
el de Berlusconi, han querido recorrer todas las etapas necesarias para
preparar el compromiso de clase realizado luego en el gobierno Prodi,
renunciando a concentrarse en la lucha por la caída del gobierno Berlusconi.
De frente a la traición de
las direcciones reformistas y sindicales es necesario construir una dirección
alternativa de los movimientos de lucha que inevitablemente se desarrollaran
también en el futuro dadas las contradicciones de la actual fase histórica. Precisamente
esa clase obrera, que como hemos visto no ha desaparecido, podrá ser el sujeto
del cambio si se convierte en "clase para si", es decir, si utiliza
conscientemente su importancia central en el proceso productivo, asume un rol
político y si se opone a la clase dominante para derribarla. Este proceso se
enlaza con la acción determinante del partido revolucionario, que debe
intervenir en todas las luchas con un programa transitorio que haga comprender
a los trabajadores la necesidad de la conquista del poder.
Tesis 8 - ITALIA: EL NUEVO GOBIERNO PRODI, AL SERVICIO DE LA BURGUESIA
Desde el primer momento el gobierno Prodi mostró claramente
su carácter de clase: es un gobierno de la burguesía italiana, apoyado por la Confindustria, que
tiene la intención de descargar los costos de la crisis del capitalismo sobre
los trabajadores, como lo demuestran los presupuestos de treinta y dos (32) mil
millones de euros. Es un gobierno de guerra y de rapiña, que renueva las
misiones coloniales (Afganistán) y envía militares al Líbano en defensa de
Israel. Ningún cambio de ruta, con respecto al gobierno Berlusconi, ha sido
previsto en las políticas sociales: una vez más se anuncian recortes a los
gastos públicos en los sectores del Empleo Público, Salud, Entes Locales y
Jubilaciones.
El gobierno de la Unión nació tambaleándose,
con un puñado de votos de ventaja respecto al centro-derecha, con la
inestabilidad consecuente en el Parlamento (sobre todo en el Senado, donde la
diferencia de votos es mínima). El decepcionante resultado electoral, a pesar
del apoyo explicito a la Unione
por parte de los patrones italianos representados en la voz de Montezemolo y
Confindustria, se explica con la incapacidad - después de cinco años de
desvastantes políticas antiobreras del gobierno Berlusconi - de interpretar el
malestar de millones de trabajadores y jóvenes empobrecidos y abatidos por las
salvajes políticas antiobreras. Pero el nuevo gobierno Prodi, si no goza de una
amplia mayoría parlamentaria, tiene, en cambio, las ideas clarísimas sobre el
programa que pretende aplicar: un programa de lágrimas y sangre, de penas y
sacrificios para los trabajadores. Ya antes de las elecciones en el programa de
la Unión estaba
escrito negro sobre blanco: ningún cambio sustancial de ruta respecto a las
poéticas berlusconianas, solo alguna que otra precaución para que la Confindustria y el
capitalismo italiano duerman y sueñen tranquilos; un programa de la burguesía
para la burguesía, contra los trabajadores.
Si el gobierno Prodi no
puede contar con una amplia mayoría en el parlamento, puede, sin embargo,
presentar a los patrones italianos validas credenciales. Es, de hecho, un
gobierno que se apoya en la concertación, es decir, sacrifica las razones de
los trabajadores sobre el altar de los intereses de la Confindustria. La
CGIL, como ha anunciado explícitamente Epifani en la conclusión del ultimo
congreso, será el garante de las políticas antiobreras de la Unione, en el intento de
ofrecer a los patrones esa "paz social" que Berlusconi no supo garantizar: a
las aparentes criticas de Epifani por las primeras maniobras del gobierno (que
se explican con el conocido juego de la concertación: las burocracias
sindicales alzan la voz al principio para luego jactarse ante los ojos de los
trabajadores de haber arrancado conquistas inexistentes) siguió el apoyo a los
Presupuestos del Estado.
Así, la entrada de
Rifondazione Comunista en esta administración - incluyendo un inservible y
grotesco ministerio "para la solidaridad" (Ferrero) - tiene el objetivo de
garantizar la cobertura "a la izquierda" del gobierno de los banqueros e
industriales. De este modo, Rifondazione Comunista ha pasado del otro lado de
la barricada, con el triste papel de amortiguador de las luchas sociales.
Antes aun que el gobierno naciera,
la Unione, con
el aval de Rifondazione Comunista, ha garantizado que la TAV en Val di Susa se
realizara. Así, ningún cambio de orientación significativo esta previsto por
las otras medidas contra las cuales se batieron los movimientos en estos años.
El gobierno Prodi no solo fue el primero a introducir el CPT (Centro de
Permanencia Temporal: los campos de detención en los cuales son encerrados los
inmigrantes que desembarcan en nuestras costas), sino que tampoco ahora será
eliminada la política excluyente que acomuna la ley del centro-izquierda
(Turco-Napolitano) y la del centro-derecha (Bossi-Fini). Así, en la escuela y
en la universidad se limitan a hacer simples "retoques" a la contrarreforma
Moratti (como volver a introducir la comisión mixta en los exámenes de
"madurez" , sin poner en discusión ni la autonomía y la paridad escolástica
(fue precisamente el centro-izquierda a introducir los financiamientos públicos
a las escuelas privadas), ni el doble canal que obliga a la formación
profesional a los hijos de los trabajadores, ni la intromisión de las empresas
en la instrucción, ni los recortes a la investigación y al personal (ya están
confirmados los nuevos recortes de los enseñantes en las escuelas medias).
Pero, sobre todo, son la
política económica y la política exterior los rasgos que ponen más en evidencia
el carácter de clase del gobierno. El ministro de economía, Tommaso
Padoa-Schioppa, ha comenzado una campaña en la prensa por el retorno del
"déficit y la deuda dentro de los parámetros europeos". La maniobra financiera
de fin de junio [las primeras aplicaciones de los recortes preparados por los
presupuestos] fue solamente el anticipo del mazazo que nos espera en otoño. La
de junio fue descrita como una "maniobrita" de alrededor de ocho (8) mil
millones de euros, que recorta quinientos (500) millones de euros de los
contratos del empleo publico y que, combinada a los decreto-ley que liberalizan
completamente la economía, golpea algunos sectores de la pequeña-burguesía a
ventaja de los grandes grupos económicos y financieros. Los presupuestos de
otoño tienen, en cambio, un sabor mucho mas amargo: los recortes estructurales
previstos a los gastos públicos en los sectores del Empleo Publico, Salud,
Entes locales y jubilaciones se desataran como un huracán sobre lo que quede
del estado del bienestar, el salario indirecto será segado y empeoraran las
condiciones de vida de los trabajadores y de las masas populares. Después de
haber cargado de tasas nuevamente las jubilaciones publicas, ya están preparando
el golpe definitivo con el Tfr/Tfs [Tfr: "Trattamento di fine rapporto",
Tratamiento final de relaciones {laborales}. Tfs: "Trattamento di fine
servizio", Tratamiento final de servicio]. Estos presupuestos están
al servicio de relanzar el capitalismo italiano en los mercados europeos con la
sangre de los trabajadores, y a quitar recursos a quien tiene poco para ofrecer
incentivos a quien ya tiene mucho.
Todo esto sucede mientras
D'Alema y Parisi renuevan la misión en Afganistán (donde centenares de civiles
continúan a morir bajo los bombardeos de los liberadores "occidentales") y
envían naves militares, aviones de guerra y miles de militares al Líbano para
desarmar a Hizbulah y al pueblo palestino y defender Israel, el gendarme que el
imperialismo estadounidense y europeo utilizan para garantizarse el control de
una región crucial por sus riquezas naturales (petróleo, etc.).
Tesis 9 - RIFONDAZIONE COMUNISTA: QUINCE Años DE REFORMISMO
El PRC (Partito della Rifondazione Comunista) no nació de un
impulso nostálgico y artificial, sino de una necesidad real. La crisis del
stalinismo y la exigencia de reconstruir un movimiento obrero autónomo e
independiente han ofrecido un espacio inédito de representación política y
social, ocupado en estos años por un aparato dirigente que, persiguiendo
constantemente - desde la oposición al gobierno - la colaboración de clases con
la burguesía liberal, ha realizado una refundación fracasada.
Rifondazione Comunista se
afirmo como una verdadera novedad en el marco político italiano, atrayendo
sectores de la vanguardia del movimiento obrero y ex-militantes de la extrema
izquierda, que hasta aquel momento no habían encontrado un espacio de
representación real. La naturaleza política del PRC fue, desde el inicio,
caracterizada por la tradición de su grupo dirigente que - si bien representase
un sector minoritario del viejo PCI, critico con la trayectoria
liberal-democrática - encarna la esencia de la tradición togliattiana, con todo
lo que ha significado esta herencia en relación a la propuesta
político-programática: aceptar y promover las alianzas con la, así llamada,
burguesía democrática y progresista.
Esta es la contradicción de
fondo: el PRC nacía y asumía un rol central como respuesta al fracaso de la
practica reformista del PCI, aunque si su aparato dirigente se preparaba por
cultura, predisposición y tradición a refundar el partido comunista sobre las
mismas bases de aquel fracaso. El PRC era, de hecho, obligado por el marco
político italiano, entre 1991 y 1995,
a colocarse en la oposición, concebida esta como proceso
de acumulación de fuerzas a emplear, luego en la negociación, como instrumento
de presión para consolidarse a nivel institucional. después del fracaso en 1993
de la izquierda alternativa (el semi-bloque de oposición con la "Rete di
Orlando" [Movimiento per la democrazia-La Rete {Rete di Orlando}: partido
político fundado en el '91 por Leoluca Orlando, alcalde de Palermo, con apoyo
de movimientos católicos y grupos de diferentes extracciones políticas de toda
Italia, reunidos alrededor de un programa de defensa de la democracia en la
sociedad civil y en las instituciones en relación a la oligarquía de los
partidos tradicionales]), en el 1994 apremiaba el acuerdo con el Polo
Progresista, embrión del centro-izquierda (hoy la Unione), canditizándose
explícitamente a participar, en caso de victoria, a un gobierno burgués.
Solo la derrota impidió un
nuevo salto en su política, es decir, ¡entrar al gobierno!
El proyecto era maduro:
consolidarse como fuerza critica a la izquierda del centro-izquierda. Todo el
esfuerzo hecho en relación al polo progresista se convirtió en humo por
voluntad del, entonces, PDS, empeñado en la formación de una organización
política menos numerosa, con el propósito de administrar las políticas del
capitalismo italiano: un polo confindustrial, liberal y de masa. En 1995, la
oposición contra el gobierno Dini (lucha contra los presupuestos y contra la
reforma de las jubilaciones) era dirigida por el PRC, sobre todo a nivel
institucional.
En esta fase, Rifondazione
Comunista gana, objetivamente, fuerza atrayendo las simpatías de una amplia
base de la izquierda: sin embargo, la oposición que ejercía era sindical, y no
política (tanto es así, que a nivel local el PRC entraba en muchas juntas dirigidas
por el centro-izquierda), llenando el espacio vacío dejado por falta de una
alternativa sindical de clase; vacío que había sido provocado por la política
de concertación de los sindicatos en relación a los acuerdos con la Confindustria en
1992. La acumulación, por parte del PRC, de este descontento fue, luego, usada
en 1996 como moneda de cambio para permitir el nacimiento del gobierno Prodi
(sin obtener, a cambio, ningún ministerio) y esta decisión represento la
conclusión de un entero curso político. Este curso fue definido, y no por
casualidad, en el logo del III Congreso: "desde la oposición al proyecto" [se
refiere al proyecto de gobierno].
En el gobierno Prodi (que
se llevo a casa verdaderos botines para la burguesía italiana) el PRC consumo
todas las tácticas colaboracionistas que ya había realizado desde la oposición,
en competición con las representaciones sindicales.
Pero, progresivamente, se fueron diluyendo los
contornos de la política de negociación bertinottiana, hasta obligar a Bertinotti,
en el otoño del 1998, a
salir del gobierno Prodi, pero proponiendo un gobierno de decantación
institucional con la esperanza de recomenzar con un nuevo acuerdo de
legislatura, que no se realizo solo por la ruptura del sector controlado por
Cossutta.
El PRC, de nuevo obligado a
pasar a la oposición del gobierno D'Alema, que surge luego de la experiencia de
Prodi, se afirmaba como la principal fuerza política contra la guerra
imperialista en Kosovo, cobrando una enorme visibilidad en la base de la izquierda
italiana y en el movimiento pacifista. Pero tampoco en esta fase el PRC rompió
con el centro-izquierda, tanto es así que asumió como consigna la reclamación a
la ONU que actúe
como fuerza de paz, y no la necesidad de una confederación Yugoslava y socialista
de los Balcanes; inclusive absteniéndose sobre la moción del gobierno D'Alema
que preveía la momentánea suspensión del conflicto bélico.
No es casualidad que la
falta de una ruptura definitiva, sobre todo con el aparato liberal de los DS,
haya preparado el terreno privilegiado en el cual se consolidaron los nuevos
compromisos a las regionales de abril del año 2000 (con 14 acuerdos sobre 15) y
la no beligerancia en las políticas del 2001.
La crisis de hegemonía social de las políticas liberales, ya bien
verificadas en los años '90 por el centro-izquierda, enfrento el nacimiento de
un movimiento anti-globalización y pacifista que, después de la manifestación
de Génova en julio del 2001 y no obstante la reaccionaria campaña del gobierno
Berlusconi, fue el detonador que origino un conflicto social con bases reales
en las masas.
Una brisa de aire fresco se
alzo en las calles de Italia y una nueva generación levanto la cabeza después
de años de pasividad. Joven fue el movimiento antiglobalización. Joven fue el
movimiento pacifista. Joven fue la clase obrera que rompió la concertación
sindical y se volcó a las calles a protestar. Un viento nuevo de lucha, que
atravesó los sectores mas sensibles del mundo del trabajo y de la sociedad
civil: desde las movilizaciones de los conductores de autobuses y trenes, de
los trabajadores de Alitalia, hasta la heroica resistencia de los obreros de
Melfi; desde la lucha de las poblaciones de Acerra contra los incineradores,
hasta la batalla contra la
TAV. Pero la enorme potencialidad de la cual este movimiento
fue expresión, encontró un apoyo tramposo desde el aparato del PRC. Un
patrimonio de lucha utilizado por Bertinotti como as en la manga, carta
esencial que permitirá realizar un nuevo compromiso de clase en las elecciones
políticas del 2006 para entrar en el gobierno burgués de la Unione y volver a crear una
fuerza socialdemócrata que acompañe paralelamente la refundación liberal de un
"partido democrático" que garantice el dominio de la, así llamada, burguesía
"progresista": el "modello Marchionne" precisado por Bertinotti.
Quince años de reformismo,
mas aun hoy, en los cuales el PRC asumió la responsabilidad central en las
políticas antipopulares que el gobierno de la Unione esta persiguiendo (presupuestos de lagrimas
y sangre; poner en marcha la reforma de las jubilaciones, ataque al estado del
bienestar; financiación de la guerra imperialista en Afganistán y en Líbano),
marcan el final de una refundación imposible y condenada por la política de
colaboración de clases, que impone a la vanguardia del movimiento obrero
italiano de volver a encauzar el proceso de reconstrucción de la refundación
comunista que, o es revolucionaria, o no será.
Tesis 10 - QUINCE Años EN EL PRC, PARA CONSTRUIR OTRO
PARTIDO
La construcción de un partido auténticamente comunista no se
produce nunca de forma artificial a través de atajos y simplificaciones: es,
sobre todo, fruto de una batalla teórico-política que tiene como fin la
creación de un cuerpo seleccionado de militantes activos y de cuadros que se
constituyen en vanguardia del proletariado. El partido revolucionario que
queremos construir no es un acto estéril de auto proclamación, sino la
conclusión de una larga batalla como fracción dentro del PRC en el terreno de
las propuestas programáticas y organizativas del marxismo revolucionario, que
al mismo tiempo, como demuestra la ruptura con el ferrandismo, ha constituido
un instrumento de clarificación y selección militante.
Con esta perspectiva, la
tendencia que se formo alrededor de la revista "Proposta per la Rifondazione Comunista", después de la
escisión de la sección italiana del Secretariado Unificado sobre la base de un
debate y de una precisa orientación de la propia tendencia internacional,
participo desde el primer momento al nacimiento del PRC, comprendiendo la
importancia de un proceso de precomposición del movimiento obrero y reteniendo
que ignorar este hecho habría significado perder una ocasión histórica para dar
la batalla por las posiciones marxistas revolucionarias en ventaja de un puro
auto-conservadurismo.
La formación de una
tendencia revolucionaria dentro del PRC, que se construyo en el terreno del
marxismo consecuente, se caracterizo desde el inicio por una dura batalla
político-programática alternativa a los grupos dirigentes del PRC, entrando
constantemente en la contradicción de fondo que ha caracterizado este partido:
por un lado la vocación gubernativa [en el sentido electoralista, participar en
las instituciones burguesas como única aspiración] del aparato y de su
burocracia, y por el otro la radicalización del sector mas sano de su base. Un
batalla que tenia como objetivo, no conquistar un sector de influencia y de
consenso dentro del PRC con una lógica institucional y electoralista, sino el
de construir, desde las propuestas teórico-programáticas, una organización de
militantes y de cuadros (no limitándose a una mera batalla de ideas y al
reconocimiento formal y platónico de las relaciones organizativas).
Esta perspectiva
programática a marcado toda nuestra experiencia política dentro del PRC, en
oposición no solo al grupo dirigente mayoritario, sino también al oportunismo
que ha caracterizado la experiencia de las actuales "tendencias criticas"
(Ernesto, Erre-sinistra critica y, por motivos diferentes, Falcemartello)
[Ernesto: sector "togliattiano-stalinista" de Rifondazione Comunista;
Erre-sinistra critica: sector "pablista" {"mandelista"} di Rifondazione
Comunista, ligado al SU; Falcemartello: sector centrista de Rifondazione
Comunista, ligado a Ted Grant]. Desde el primer congreso del PRC, a diferencia
de otros sectores, la agrupación original que se era formada alrededor de la
asociación "Proposta" exigía, como
respuesta a la crisis histórica del stalinismo y del reformismo, la necesidad
de la refundación comunista revolucionaria. En el segundo congreso, esta
afirmación, que de hecho ha representado el eje de nuestra lucha como fracción
dentro del PRC, iba, en 1994, al choque frontal contra la formación del "polo
progresista". Se trataba de una batalla como tendencia que construía bases mas
sólidas en 1996 durante el tercer congreso, donde la lucha al gobierno Prodi se
combinaba con la construcción de un sector de disenso mas amplio, que sobre la
base de una plataforma programática, siempre mas acabada y articulada
(autonomía del movimiento obrero; polo de clase anticapitalista; rechazo a
colaborar con los gobiernos de la burguesía como principio irrenunciable de la
acción de los comunistas), en el cuarto y en el quinto, y mas aun, en el sexto
congreso represento un punto de referencia fundamental para la construcción en
el 2002, después de un largo proceso de aclaración y separación de otras
sectores críticos y confusos, de la Associazione Marxista
Rivoluzionaria (Amr) Progetto Comunista: esta, indudablemente, fue la arena
política y organizativa de la cual nació la Associazione Pogetto
Comunista-Rifondare l'Opposizione dei Lavoratori, constituyéndose como
instrumento de fundación de un verdadero partido comunista en Italia.
En definitiva, toda nuestra
experiencia en el PRC - el trabajo de agrupamiento revolucionario y la lucha de
fracción sostenida por mas de quince años - estuvo marcada por la necesidad de
reconstruir una autentica refundación comunista, sabiendo que sin la
recuperación de los fundamentos políticos-programáticos del marxismo
revolucionario, la refundación habría nacido muerta.
Una premisa, esta ultima,
no ciertamente como fruto de la improvisación, ya que la historia del comunismo
consecuente se ha movido constantemente sobre este terreno: Marx y Engels en la Primera Internacional
dieron una dura batalla por el retorno al Manifiesto
del Partido Comunista; Lenin y Rosa Luxemburgo desde la izquierda de la Segunda Internacional,
en forma ciertamente creativa e innovativa (pensemos al concepto de imperialismo
y al desarrollo de la teoría leninista de partido y sobre la cuestión
nacional), dieron una batalla consistente por la recuperación del verdadero
Marx contra todas las deformaciones revisionistas, reformistas y centristas:
sin esa recuperación de los fundamentos marxistas no hubiese nacido el partido
bolchevique como partido dirigente de la revolución de octubre; así como, desde
sus orígenes, la Oposición
de Izquierda y, luego, la Cuarta Internacional, solamente recuperando los
fundamentos, que la socialdemocracia y el stalinismo habían destruido,
actualizaron el marxismo.
La experiencia practica de
la izquierda revolucionaria, que por quince años ha luchado dentro del PRC,
demuestra, si bien en forma embrionaria, que la construcción de un partido
auténticamente comunista pasa a través de innumerables pruebas antes de
transformarse en el partido de la revolución proletaria. Con esta conciencia y
perspectiva histórica, hemos considerado que nuestra escisión de la fracción de
Ferrando y el nacimiento de la asociación Progetto Comunista-Rifondare
l'Opposizione dei Lavoratori fuese indispensable para realizar, sobre las bases
programáticas del leninismo, nuestra salida del PRC.
Luego del trabajo común de
construcción de la izquierda revolucionaria, del cual el surgimiento de la Amr-Progetto Comunista
represento un resultado importantísimo, en el preciso momento que se imponía la
escisión del PRC junto al sector de Ferrando, emergieron, a partir de la
política organizativa, fracturas insanables: el partido al cual aspiraba
Ferrando no era el partido leninista formado por militantes conscientes y de
cuadros bien sólidos, sino un partido que no distingue militantes de
simpatizantes, recogido alrededor de un guru, así como lo atestigua el recién
nacido ferrandiano "Movimiento por la construcción del Partido Comunista de los
Trabajadores", confuso en el terreno programático, sin ninguna referencia al
trotskismo, ni con el programa, ni con los símbolos.
Bien diferente es el
partido que queremos realizar: este ambiciona, como decía Lenin, a "reconstruir
el mundo (...) a poner fin a la guerra imperialista mundial que no puede terminar
con una paz verdaderamente democrática sin la más grande revolución proletaria
de la historia. Es tiempo de tirar la camisa sucia, es tiempo de ponerse la
camisa limpia". Es tiempo del nacimiento del partido de la revolución
proletaria.
Tesis 11 - LA INCONSISTENCIA POLITICA
DE LAS "IZQUIERDAS CRITICAS", DENTRO Y FUERA DEL PRC
El ingreso del PRC en el gobierno de la Confindustria, dirigido
por Romano Prodi, ha tenido el merito de revelar la verdadera naturaleza
socialdemócrata y gubernista de esta fuerza política, aclarando al mismo tiempo
la sustancial subordinación de las corrientes minoritarias a la actual mayoría,
vencedora del sexto congreso del partido. Este evento, además, ha modificado,
simplificándolo, todo el marco político italiano: a la izquierda de los grupos
socialdemócratas tradicionales (Izquierda DS, Partido de los Comunistas
Italianos, PRC), se abrió un espacio inédito para la representación coherente
de los intereses de las clases explotadas.
Ernesto y Erre son las dos
principales minorías presentes dentro de Rifondazione Comunista. Unidas por
mucho tiempo, en la gestión de los intereses del partido, a la mayoría del
actual Presidente de la Cámara
de Diputados (Bertitnotti), estas fueron obligadas, por la precipitación de los
eventos y por la rapidez con la cual la misma mayoría bertinottiana a efectuado
el brusco giro gubernista, a dotarse de un "alma critica" que luego del apoyo
explicito al gobierno Prodi y a las primeras medidas tomadas por el mismo, la
única cosa que le ha quedado de "critica" son sus propias condiciones. En
sustancia, estas no representan ninguna alternativa real al actual grupo
dirigente: de hecho, en todas las cuestiones principales - es decir, aquellas
que históricamente han marcado los limites entre las fuerzas oportunistas y
aquellas genuinamente revolucionarias: guerra, apoyo a los gobiernos burgueses
y a sus medidas antiobreras, etc. - se han pronunciado a favor de las
decisiones tomadas por el PRC y por la coalición a la cual pertenece; a favor
de los intereses materiales que esta alianza representa, y así, por su propia
naturaleza, enfrentándose a los intereses de los trabajadores, a los
inmigrantes y a los pueblos oprimidos, sacrificándolos una vez mas sobre el
altar de la colaboración de clases.
El caso de la
refinanciación de las misiones militares en Afganistán, en este sentido, es
ejemplar: después de haber sostenido por mucho tiempo que el "no a la guerra"
tendría que haber sido uno de los rasgos distintivos de la política exterior
del nuevo gobierno y que sin esta no podía existir ninguna convergencia con
este, han dado, en poco tiempo, un vergonzoso paso atrás que les ha llevado a
renegar sus precedentes afirmaciones, hasta llegar a votar en el Parlamento a
favor de la refinanciación de la expedición militar, que tiene como único
objetivo hacer valer los intereses del capitalismo italiano empeñado a no
dejarse escapar la parte del botín que deriva de la agresión y de la
explotación de los recursos de los países coloniales. Lo mismo han hecho con la
expedición al Líbano: el Ernesto con convicción, Erre quejándose: de todas
formas, ninguna de las dos llega a poner en discusión el leal apoyo al gobierno
imperialista.
Haciendo una similitud: si
el PRC dentro de la Unione
tiene la función especifica de mediar con el mundo del trabajo y de hacer que
este acepte, sin demasiadas voces discordantes, las políticas que empeoraran
las condiciones de su propia existencia, las minorías dentro del PRC tienen la
función análoga de hacer aceptar al cuerpo del partido esas políticas y
ataques, en modo que el disenso se dirija de cuestiones de vital importancia
hacia otras que lo sean menos. Para concluir, estamos seguros que la vida de
estas dos corrientes como entidades autónomas y reconocibles, si acaso alguna
vez lo fueron, por fuera del PRC, será breve. No se puede dar una mano a los
gobiernos burgueses en las instituciones y criticarlos en la prensa o en las
calles: o se esta de una parte o de otra. Parece que los dirigentes de estas
corrientes ya eligieron de estar de la parte equivocada.
Haciendo "oposición
interna" ha quedado solo el pequeño grupo de "Falcemartello" ("Hoz y
martillo"), que no se entiende cual es la perspectiva que sea en grado de
ofrecer a aquellos militantes desilusionados que intentan convencer
(aparentemente con escasos resultados) de quedarse en el PRC. En una editorial
reciente, un dirigente de este sector, Claudio Bellotti, asegura que un DIA
"centenares y miles de compañeros se pondrán con nosotros la misma pregunta y
darán la misma respuesta". Como siempre, ignorando que el papel de los
comunistas - papel, justamente, de vanguardia - no es el de esperar que surja
"un DIA" una respuesta de clase, sino que consiste, sobre todo, en dar hoy la
respuesta de clase. Es significativo el hecho que, en ocasión de la
financiación de la misión en Afganistán, la posición de Falcemartello respecto
al gobierno se traducía en considerar "impracticable" - porque, como dicen
ellos, "no es comprensible a los ojos de las masas" (!) - la hipótesis de una
ruptura del PRC con el gobierno Prodi... es decir, ¡con el gobierno de la
burguesía italiana!
Un discurso a parte merece
el recién nacido "Movimiento por el Partido Comunista de los Trabajadores"
(MPCL) de Ferrando, salido recientemente del PRC y empeñado en construir un
sujeto alternativo a los dos polos de la burguesía. Si el rasgo distintivo de
las minorías del PRC era el de inclinarse servilmente a la voluntad de los
Bertinotti y Giordano de turno, el del MPCL es el de no tener un programa
definido. Esto es, sin dudas, el resultado de las modalidades de asociación y
de construcción del partido explícitamente teorizados por su leader: una fuerza
abierta a todas las posiciones (inclusive opuestas entre ellas), con un solo
punto en común, la oposición a los gobiernos de centro-derecha y
centro-izquierda (pero también este atenuante es, en realidad, una mera
enunciación de principio sin traducción coherente en la practica, como
demuestra la adhesión al MPCL de ex-dirigentes oportunistas, deseosos de
reciclarse y totalmente convencidos de la necesidad de hacer una alianza de
gobierno con la burguesía, al menos a nivel local). En práctica - y con un poco
de esfuerzo - la voluntad general que unifica el cuerpo-partido es posible,
inclusive, encontrarla: la negación del leninismo y del bolchevismo en la
concepción de la formación y de la estructuración del partido. La unidad sin
principios y sin delimitaciones políticas, si en un primer momento habría
podido dar algún fruto desde el punto de vista puramente numérico (cosa que,
por otra lado, no sucedió, vista la ausencia de una estructura organizativa), a
la larga corre el peligro de minar la solidez de este MPCL, que siempre mas se
asemeja a un pequeño Arlequín [en el sentido de tener poca dignidad de
comportamiento, de hacer el payaso o hacer bufonadas]. La obvia renuncia al
patrimonio teórico y simbólico del trotskismo - o sea, del marxismo consecuente
- es la prueba del alejamiento del MPCL - en la práctica y en la teoría - del
marxismo revolucionario. Detrás de la oscura oratoria de su principal
exponente, esta organización esconde la nada, o, peor aun, el oportunismo,
revelado inclusive por la carta enviada por Ferrando al "il manifesto", en la
cual precisa, sin posibilidad de equivoco interpretativo, que en caso de ser
electo senador habría dimitido para no hacer pesar, eventualmente, su voto
determinante y, así, provocar la caída del gobierno Prodi. ["il manifesto":
diario de izquierda, fundado por un sector de dirigentes y militantes que en
los años '60 rompió con el PC.
Se refiere al voto sobre la
refinanciación de las misiones militares en el exterior: Afganistán, Irak,
Líbano]
Además de estas formaciones,
que son las mas en vista, existen tantos pequeñísimos grupos que giran en la
galaxia del movimiento obrero, pero que, por sus propios limites, hasta hoy
tienen poca capacidad de atracción. Estos - para simplificar - se pueden
subdividir en grandes familias, acomunadas por la misma actitud sectaria: la
stalinista, o mao-stalinista, y la bordiguista. A la primera pertenecen todas
las organizaciones (el Pmli-Partido marxista-leninista italiano por encima de
todas las demás) que se caracterizan por una retórica oscura y por la
incomprensión de algunos elementos fundamentales (naturaleza de clase de las
formaciones políticas, dialéctica partido-clase, desarrollo de los procesos
revolucionarios) que frecuentemente degeneran en análisis totalmente fuera de
la realidad. A la segunda pertenecen aquellos grupos (Lotta Comunista, Bataglia
Comunista, Porgramma Comunista, etc.) que, no obstante la conservación de parte
del bagaje analítico del marxismo revolucionario, eluden en la practica la
necesidad de la construcción de un partido que intervenga en las luchas sobre
la base de un programa transitorio. De aquí el rechazo al parlamentarismo y (en
algunos casos) al trabajo en los sindicatos; de aquí su indiferencia por lo que
sucede en el corazón pulsante de una clase que es concebida mas como una
entidad abstracta que como terreno en el cual desarrollar el trabajo político
cotidiano.
Tesis 12 - EL PAPEL DE LOS DIFERENTES SINDICATOS
En los últimos veinte años la combinación entre crisis
capitalista, los mazazos de la patronal y el gobierno, la colaboración de
clases de la burocracia sindical CGIL, CISL y UIL, la ausencia de un partido
revolucionario, ha determinado el nacimiento
de varios sindicatos de izquierda. La oposición por parte del nuevo
sindicalismo contra la política de concertación no ha fisurado la fuerza de la CGIL, mientras en el conjunto
de la izquierda sindical - que carece aun de la voluntad unitaria de batirse
contra la política económica del gobierno - desde las diferentes burocracias reformistas
y centristas se aprieta para dialogar con las fuerzas de la izquierda de
gobierno a través del método de la
"presión".
El Congreso de la CGIL en julio del 1977 y la
sucesiva Conferencia Nacional de la
CGIL, CISL y UIL del 1978 en el EUR [EUR: barrio de Roma con
instalaciones aptas a este tipo de reuniones, conferencias, congresos, etc.]
evidencia la determinación por parte de las burocracias sindicales reformistas
de superar el modelo sindical reivindicativo, modelo que se afirmo en las luchas
obreras y populares de los años '60 y '70. Los años '80 están marcados por las
graves derrotas y retrocesos: el acuerdo del 31 de julio de 1992 señala el
punto culminante de esta ofensiva con la eliminación de la escala móvil de
salarios. Con el acuerdo del 23 de Julio de 1993 iniciaba formalmente la fase
del modelo de contrato de concertación: el sindicato se hacia cargo de los
"intereses generales" y de la "compatibilidad del sistema". Se abre un periodo
que, por quince años, de frente al ataque conjunto de la patronal y el
gobierno, encuentra al sindicato administrando la paz social y los "contratos
basura". Las consecuencias son conocidas: perdida constante de los salarios, de
los derechos y de las protecciones sindicales.
Entre el final de los años
'80 y los años '90 la oposición al modelo sindical de concertación llevara a la
constitución de nuevos sindicatos de izquierda. La Cub-Rdb, arraigada
mayormente en el empleo público, es la más consistente, otros sindicatos
menores son organizados con el modelo Cobas.
El segundo gobierno Prodi,
surgido en el marco de la continua crisis del capitalismo italiano ligada al
serio desequilibrio del balance publico, retiene esencial, para actuar una
política de saneamiento financiero y dando fuerza al capitalismo italiano en
los mercados europeos e internacionales en un contexto de paz social,
actualizar el modelo de negociación de contratos de concertación; una exigencia
que comparten los industriales, los bancos, los grandes comerciantes y, sobre
todo, la burocracia sindical reformista de la CGIL. La Confindustria
pone como objetivo central de la nueva concertación la recuperación "de la
eficiencia, productividad y rentabilidad" de las empresas a través del
abaratamiento del costo del trabajo, una mayor flexibilidad y precariedad del
trabajo asalariado. Todo esto en el marco de un "pacto constitucional" que
defina reglas y sanciones tales de limitar el mismo derecho de huelga en todas
las categorías. Es el vaciamiento del contrato de trabajo.
El gobierno de la Unione procede sobre la
línea trazada: la maniobra de los presupuestos decididos este verano son solo
el anticipo del garrotazo que nos darán en otoño. El Dpef (Dpef: Documento de
programación económica y financiera, medida con la cual el gobierno programa
los gastos en el sector económico y financiero) para el 2007-2011 esta centrado
sobre el saneamiento financiero del Estado y sobre el relanzamiento del
capitalismo italiano. La inflación programada por el gobierno continuara a ser
la conocida camisa de fuerza que sofoca el salario y la lucha de los
trabajadores. Los recortes estructurales previstos en los presupuestos del 2007 a los gastos públicos
en los sectores del empleo publico, salud, entes locales y jubilaciones pasaran
como un huracán sobre lo que quede del estado del bienestar, el salario
indirecto será segado, mientras preparan el saqueo definitivo del Tfr/Tfs.
Ninguna solución real para la desocupación difundida en el sur, el trabajo
precario, las condiciones de los trabajadores inmigrantes. Las condiciones de
vida de los trabajadores y de las masas populares empeoraran. Por otra parte, la Confindustria
obtiene todo lo que ha exigido: recorte del "cuneo fiscale" ["cuña fiscal": o
cunea contributiva, representa las variaciones entre el gravamen del costo del
trabajo y la renta efectiva percibida por el trabajador: prácticamente es la
diferencia entre la suma pagada por el patrón y la suma efectivamente cobrada
por el trabajador, pagando al fisco y a los entes de la seguridad social la
diferencia restante] para las empresas y tener en consideración la abolición
del Irap [Irap: Impuesto regional sobre las actividades productivas]. La
crisis, una vez mas, se descarga sobre los trabajadores y las masas populares;
a la burocracia sindical reformista de la CGIL y a los partidos de la izquierda del
gobierno les corresponde la tarea de garantizar el consenso social a la
política, que va solo en una dirección, de "lágrimas y sangre".
El mayor sindicato del
país, la CGIL,
junto a la CISL
y a la UIL se
declaran satisfechos de la nueva fase de concertación y participan en reuniones
con el gobierno ("mesas de propuestas programáticas" sobre: el problema de los
cierres de fabricas y de la desocupación en el sur, etc.) antes que el
parlamento vote los presupuestos del Estado. La izquierda sindical en la CGIL, la "Rete 28 de abril"
[es la nueva izquierda de la CGIL,
nacida el 28 de abril del 2005 por voluntad de Giorgio Cremaschi, dirigente de la CGIL y Rifondazione
Comunista], en la asamblea nacional del 12 de junio del 2006 en Roma, ha
presentado un documento (con unas 60 firmas, expresión de la izquierda
reformista de Cremaschi, seguida por Falcemartello y Grisolia del MPCL),
absolutamente débil y vago en el análisis y en la propuesta organizativa y
reivindicativa para este periodo. En esa asamblea fuimos la única organización
que hizo una propuesta alternativa de análisis y programática reivindicativa a
los trabajadores. El portavoz nacional de la "Rete 28 aprile" de la CGIL, Giorgio Cremaschi,
después de haber anunciado, frente a los primeros pasos dados en política
económica por el gobierno Prodi, la necesidad de convocar una huelga general en
caso que las indicaciones contenidas en el Dpef hubieran sido asumidas por los
Presupuestos del Estado del 2007, realizo en el Comité Directivo Nacional de la CGIL, reunido el 18 de
septiembre, una doble cabriola. De hecho, se abstuvo, junto a los otros
exponentes de la "Rete 28 aprile" en ese organismo, justamente sobre el
"documento CGIL-CISL-UIL sobre los Presupuestos del Estado del 2007". Un documento, no solo
de apoyo a los Presupuestos del 2007, sino también por la actualización del
pacto de concertación con el gobierno y la patronal. En esta cabriola lo ha
acompañado el secretario nacional de la Fiom CGIL (Federación Italiana de Obreros
metalúrgicos), Rinaldini, que ha votado a favor del documento, después de una
falsa consulta a los trabajadores.
La Cub-Rdb,
luego de protestar por no haber sido convocada por el gobierno el 12 de junio
en ocasión de la presentación a los representantes sociales de los
Presupuestos, durante el verano del 2006, organizo una asamblea publica en
presencia de los exponentes de la izquierda del gobierno para presentar una
propuesta de ley por la estabilización de los precarios en la administración publica;
al mismo tiempo anunciaba una huelga de los trabajadores precarios del sector
publico para el 6 de octubre: una posición sindical no de concertación, mas de
presión sobre la izquierda del gobierno. En este marco es importante la
iniciativa lanzada por el Slai Cobas, en la asamblea nacional del 13 de mayo en
Roma, por una manifestación en otoño contra la política económica del gobierno
sobre la base de algunas reivindicaciones inmediatas con carácter unitario.
En su conjunto, las
izquierdas sindicales carecen de una plataforma unitaria, de la voluntad de
unidad para luchar contra la política económica del gobierno, mientras crecen
las presiones por parte de las diferentes burocracias sindicales reformistas y
centristas para dialogar, a través de múltiples canales, con las fuerzas de la
izquierda de gobierno. Todo esto en un marco de objetiva debilidad de la
izquierda sindical de clase.
Tesis 13 - LO REVOLUCIONARIOS DE FRENTE AL ESTADO BURGUES. LA LUCHA POR EL PODER
La tarea fundamental de los comunistas sigue siendo, aun
hoy, la que enunciaron, en el Manifiesto Comunista, Marx y Engels: ganar a la
mayoría del proletariado, en el curso de sus luchas cotidianas, y hacerle
comprender la imposibilidad de reformar el capitalismo y la consecuente necesidad
de conquistar el poder político a través del derribo del orden burgués. Solo la
transformación del proletariado en clase dominante (es decir, la dictadura del
proletariado) podrá abrir el camino que conduzca, por fin, a la humanidad a la
eliminación de la sociedad dividida en clases y a cancelar todas las formas de
opresión.
Como escribió Lenin: "La necesidad de educar
sistemáticamente a las masas en esta (...) idea de la revolución violenta es la
base de toda la doctrina de Marx y Engels. La traición de su doctrina,
perpetrada por las tendencias social chovinistas y kautskianas (...) se expresa
(...) en el olvido de esta propaganda.
El abandono de la teoría
marxista del Estado, viene siempre acompañado por la recuperación de las
teorías reformistas (a menudo presentadas como "novedad" opuesta a lo "viejo",
a las "teorías del novecientos"). La diferencia entre reformistas y comunistas
no es una diferencia de recorridos para llegar a una nueva sociedad (por una
parte, la vía pacifica, legal, del reformismo; por otra, la demodé de la insurrección
revolucionaria): a "métodos" diversos corresponden perspectivas diferentes.
Para los comunistas la perspectiva del socialismo, para los reformistas la de
un imaginario mejoramiento de esta sociedad inmodificable (el capitalismo). Por
lo tanto, no es por casualidad si toda teoría reformista (que no nace de la
cabeza de algún filosofo, sino que se combina siempre con la integración de
aparatos dentro del sistema burgués) llega a la conclusión que el horizonte del
capitalismo es insuperable.
La cuestión de la posición
en relación al Estado ha constituido siempre una delimitacion entre reformistas
y revolucionarios. Así como el papel tornasol cuando se lo sumerge en una
sustancia acida se vuelve rojo y azul en una básica, así el rojo de los
revolucionarios aparece inmediatamente cuando se nos arrima al tema decisivo
del Estado. No es casualidad que, precisamente sobre este argumento, Lenin
dedico su libro más importante ("El Estado y la revolución"), escrito en el
transcurso de la revolución de 1917 para armar teóricamente al partido
bolchevique y prepararlo para el Octubre. Lo hizo recuperando la verdadera
doctrina de Marx y Engels, limpiándola de las costras revisionistas. Hoy,
nosotros, debemos hacer el mismo trabajo, pero duplicando los esfuerzos porque
además de las falsificaciones de los reformistas se han agregado las del
stalinismo. No se trata de retornar al "Verbo", sino de entender como en las
posiciones leninistas (y, precedentemente, en aquellas de Marx) se reflejan las
lecciones del conjunto de la experiencia histórica del movimiento obrero.
Para el marxismo el Estado
es el producto del antagonismo entre las clases. Es decir, no es una entidad
"neutra", sino un instrumento de parte, que sirve para imponer el dominio de
una clase sobre otra; el instrumento gracias al cual la clase dominante
conserva el control de los medios de producción.
El poder del Estado (desde
el democrático-parlamentario hasta la dictadura militar y al fascismo) se funda
en "grupos de hombres armados" (policía, ejercito) y en los guardianes
(magistratura, cárceles) de una legislación correspondiente a los intereses de
la clase dominante.
El hecho que el Estado no
sea neutral en el enfrentamiento entre proletariado y burguesía, comporta la
imposibilidad de "conquistarlo" (por ejemplo, a través de una victoria
electoral) para "convertirlo" y hacer un uso diverso. Si ha determinadas
relaciones de propiedad y producción corresponde una estructura estatal
especifica, entonces el proletariado, que intenta destruir esas relaciones,
necesita un instrumento completamente diferente. Por consiguiente, los
comunistas tienen como objetivo destruir el Estado: "demolerlo", según la
formula que Marx analizo en la experiencia de la Comuna de Paris en el 1871,
que representaba "finalmente el descubrimiento de la forma" a través la cual
los trabajadores podían ejercitar su dominio, uniendo en un único organismo el
poder legislativo y el ejecutivo. "Destruir" el Estado, por lo tanto, a través
una revolución (por otra parte, este es el único sentido que puede tener esta
palabra, a menos que se refiera al movimiento de los cuerpos celestes) y
sustituirlo con otro Estado, otro dominio: al puesto de la dictadura de la
clase burguesa (ejercida por pocos hombres sobre la grandísima mayoría), la
dictadura del proletariado (ejercida por la mayoría del pueblo contra una
pequeña minoría). Una dictadura, así es, porque solo en este modo una
revolución puede defenderse de los intentos de la burguesía de volver a tomar
el poder; pero una dictadura que, a diferencia de todas aquellas conocidas por la Historia, apunta a
extinguirse, junto con la extinción de la sociedad dividida en clases.
La esencia de las
enseñanzas de la Comuna
(que fue derrotada por la ausencia de un partido marxista), es decir, la
revolución para "abatir" el Estado y sustituirlo con una dictadura obrera, fue
indicada por la
Internacional Comunista de los primeros años (antes del
stalinismo) como fundamento programático valido para los partidos comunistas de
todo el mundo, prescindiendo de las diferencias existentes entre un país y
otro. Las enseñanzas de las dos "Comunas" (la derrotada de Paris y la
victoriosa de Petrogrado, porque dirigida por una partido marxista) fueron
condensadas en las Tesis de la
Internacional sobre el parlamentarismo, mientras fue
rechazada toda teoría que hubiese querido presentar estos ejes cartesianos como
producto de una inexistente "particularidad rusa" a la cual oponer una
"revolución en Occidente" - entendida como una gradual reforma del Estado -
para los países capitalistas avanzados.
La concepción marxista del
Estado y de la revolución no significa (a diferencia de lo que se quiere hacer
creer con ciertas caricaturas) adoptar una pasiva indiferencia en relación a
los instrumentos de la democracia burguesa a la espera de un mesiánico evento
revolucionario. Para los marxistas la revolución se prepara inclusive usando
las instituciones burguesas, es decir, las elecciones y el parlamento. Pero - y
esta es la diferencia con los reformistas - los comunistas participan en las
elecciones para hacer propaganda del programa revolucionario y están en esas
aulas para preparar su destrucción. Si son elegidos en asambleas
representativas proceden, no como legisladores entre los legisladores, sino, como
propagandistas de otra democracia; en este sentido su participación en las
instituciones es secundaria respecto a la batalla principal en los lugares de
trabajo, en los sindicatos, en los movimientos.
Los comunistas, que también
participan - si es posible - en las asambleas representativas, no pueden, por
ningún motivo, formar parte de los gobiernos burgueses en algún grado. No por
querer observar algún "mandamiento" marxista, sino porque - como toda la
experiencia histórica a demostrado - la oposición a todo gobierno burgués es el
requisito indispensable (aunque no suficiente) para liberar a las masas de las
ilusiones en un Estado y en una democracia "por encima de las partes",
reformable y rellenándola a gusto de contenidos de clase diversos, como pastelillos
a los cuales se los puede rellenar con crema o chocolate. He aquí, en
conclusión, que la oposición a todo gobierno burgués es el único camino a
través el cual hacer llegar a los trabajadores a un programa de independencia
de clase, y, por esta vía, construir - sobre las ruinas del capitalismo - el
único gobierno al cual los comunistas pueden entrar: un gobierno de los
trabajadores para los trabajadores.
La batalla contra la
participación en los gobiernos en el sistema capitalista ha constituido siempre,
por estos motivos, el medio para liberar a las masas de la influencia de los
reformistas que (y he aquí el sentido de la expresión de Lenin: "agentes de la
burguesía en el movimiento obrero") buscan convencer, con su accionar, a la
clase obrera de la inutilidad de tomar el poder y, así, subordinarla a los
gobiernos (y a los intereses) de la burguesía.
Esta oposición principista,
sobre la que se fundo la Internacional Comunista, fue luego sustituida por
el stalinismo, que (a partir del VII Congreso del 1935) introdujo nuevamente en
el movimiento obrero el morbo gubernista y teorizado la posibilidad que los
comunistas participen en los gobiernos del capitalismo.
En realidad, no existe
conciliación posible entre los intereses de los trabajadores y de los patrones,
y todo intento de demostrar el contrario lo ha confirmado: no ha habido un solo
caso en el cual los trabajadores han usufructado de beneficios - aunque mínimos
e inmediatos - por la presencia de sus representantes en gobiernos constituidos
en el sistema capitalista. Es mas, cada una de estas experiencias se revelo una
derrota y, a menudo, una tragedia: empezando por la participación de Louis
Blanc en el gobierno del 1848, pasando por los frentes populares de los años
treinta; desde la colaboración de gobierno de los comunistas europeos en la
posguerra, a los gobiernos de "unidad nacional" de los años setenta; del, así
llamado, "experimento chileno" de Allende a los "gobiernos de izquierda" en
Francia a finales de los años setenta, inicio de los ochenta; del primer
gobierno Prodi en Italia al gobierno de Jospin en Francia; y, luego, del
"modelo Lula" en Brasil a los gobiernos de centro-izquierda en Sudáfrica; hasta
el gobierno Prodi... La lista es larguisima, pero no hay un solo caso positivo
para los trabajadores: en cada uno de estos casos la burguesía se fortaleció
imponiendo sus políticas y debilitando las reacciones de la clase obrera, atada
al carro de la patronal.
Así como la actual
socialdemocracia (por ejemplo: Rifondazione Comunista) parte nuevamente de las
teorías gubernistas de los reformistas y de los stalinistas, así, también, el
comunismo no puede hacer otra cosa hoy que partir nuevamente de la teoría del
rechazo a toda colaboración de gobierno con la burguesía. Si un partido que se
define comunista abandona el papel de oposición y entra en un gobierno burgués,
abandona la tarea principal de los comunistas. Lo mismo se puede decir de
aquellos partidos que se definen comunistas y que, en cambio de explicar a las
masas la naturaleza de clase del Estado y de sus aparatos represivos, difunden
ilusiones "no violentas". Hemos visto en acción en todo el mundo, en estas
ultimas décadas, "bandas armadas en defensa del capital", de las cuales ya
hablaba Engels, formadas por la policía y el ejercito, oficiales y clandestinas
(véase Gladio: movimiento clandestino organizado por varios sectores políticos
y militares del Estado que pretendía blocar militarmente el crecimiento
electoral y político del comunismo), cuyo único objetivo es, precisamente, defender
el Estado de la clase explotadora del futuro asalto de la clase explotada,
empezando por obstaculizar, desde hoy, las manifestaciones de los trabajadores
y de la juventud. En Italia (país de grandes movilizaciones obreras), la
naturaleza de clase de los aparatos represivos ha sido particularmente
evidente: es la historia de las masacres de Estado (es decir, organizadas por
los aparatos del Estado, no ciertamente "deviati" [incontrolados]) y de los
ataques a las manifestaciones (como sucedió decenas de veces y últimamente, a
gran escala, en Génova durante el G8). Las teorías "gandhianas" son, por lo
tanto, incompatibles con el comunismo, porque no consideran, hoy, la necesidad
de autodefensa de toda lucha y dejan, para mañana, el problema de la violenta
resistencia que las clases dominantes opondrán a cualquier intento de
expropiación.
Tesis 14 - EL METODO DEL PROGRAMA DE TRANSICIÓN
La particularidad que distingue el programa de los marxistas
revolucionarios - con respecto a la propuesta de la socialdemocracia, que del
socialismo "habla solo en los días de fiesta", limitándose a elaborar un
programa mínimo de reformas compatibles con el sistema capitalista - es que se
basa sobre la intención de crear un puente entre las reivindicaciones actuales
y la revolución socialista.
"El programa de transición"
("La agonía del capitalismo y las tareas de la Cuarta Internacional;
la movilización de las masas alrededor del programa de transición para preparar
la conquista del poder") del 1938 - el texto político que ha dado un fundamento
programático al nacimiento de la Cuarta Internacional
de Trotsky - es un texto clave para comprender la correcta forma de abordar la
cuestión del programa por parte de los marxistas revolucionarios. La esencia
del reformismo y del centrismo, de todas las épocas, puede ser individuada en
el rechazo al carácter transitorio del programa, es decir, la necesidad de
ligar las reivindicaciones inmediatas de las masas proletarias a la perspectiva
anticapitalista.
El método transitorio se articula
en tres momentos esenciales: el objetivo final, los objetivos inmediatos y el
puente entre los unos y los otros. El objetivo final - que encuentra su
sustancia "objetiva" en el hecho que se dan las premisas concretas de la
revolución proletaria - es la revolución socialista, la dictadura del
proletariado, en función de la construcción del socialismo. Como ha sido
expresado en el programa del '38, "la tarea estratégica de la Cuarta Internacional
no consiste en reformar el capitalismo, sino en destruirlo. Su fin político es
la conquista del poder por parte del proletariado para asegurar la expropiación
de la burguesía".
La particularidad que
distingue el programa de los marxistas revolucionarios - con respecto a la
propuesta de la socialdemocracia, que del socialismo "habla solo en los días de
fiesta", limitándose a elaborar un programa mínimo de reformas compatibles con
el sistema capitalista - es que se basa sobre la intención de crear un puente
entre las reivindicaciones actuales y la revolución socialista. Este puente,
incluso hoy, como en 1938, "consiste en un sistema de reivindicaciones
transitorias que parten de las condiciones actuales y del nivel de conciencia
actual de amplias capas de la clase obrera, y lleven, inevitablemente, a una
sola conclusión: la conquista del poder por parte del proletariado". El
instrumento indispensable para construir ese puente, y así ganar la mayoría de
las masas políticamente activas a la causa revolucionaria, es el partido. En
este sentido, la crisis de la humanidad se resuelve superando la crisis de su
dirección.
El sentido de los objetivos
transitorios - es decir, de una plataforma de reivindicaciones que se proponga
interceptar las necesidades de las masas - es, esencialmente, que ninguna
reivindicación puede ser completamente realizada mientras subsista el poder
burgués. El programa de transición es el instrumento a través el cual el
partido gana las masas para la causa revolucionaria: mas aun si se profundiza
la crisis social, mas aun si los objetivos inmediatos asumen un peso
revolucionario.
El método transitorio, si
bien aparezca con este nombre solo en el "Programa"
de 1938, fue, sin embargo, en la historia el elemento que distinguió la acción
de los marxistas revolucionarios. También en el "Manifiesto del Partido Comunista" del 1848, Marx y Engels indicaban
la necesidad, a los fines de la revolución proletaria, de una serie de "medidas
que se presentan económicamente insuficientes e insostenibles, pero que en el
curso del movimiento se sobrepasan a si mismas y empujan hacia adelante".
Igualmente, la toma del poder por parte de los bolcheviques en 1917 en Rusia se
pudo realizar gracias a la adquisición, por parte del partido, del método
transitorio: momento fundamental fueron las, así llamadas, "Tesis de Abril",
presentadas por Lenin en la primavera del '17. Estas tesis confirmaban el
elemento central del método transitorio: la necesidad de ganar la mayoría del
proletariado - partiendo de su vanguardia - a la causa de la revolución
socialista. De aquí se derivaban, indicados por Lenin, una serie de objetivos
conformes al contexto revolucionario, en condiciones de llevar, ganando a la
mayoría del proletariado, a la realización del fin (la dictadura del
proletariado): ningún apoyo al gobierno transitorio, todo el poder a los
soviets, confiscación de todas las propiedades de tierras, nacionalización (sin
indemnización) de las tierras y de los bancos bajo control de los soviets, el
control de la producción social pasa a los soviets.
El mismo método ha
caracterizado el programa aprobado por los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista,
asumido por la mayoría de los partidos comunistas nacionales que adherían a
esta. En particular, las tesis del III Congreso de la Internacional Comunista
(1921) confirmaban que era necesario evitar que los partidos se convirtiesen en
"hospicios de adoctrinamiento puro": esto se puede lograr solo a través de la
individualización de una serie (una plataforma) de objetivos concretos que
sepan interpretar las necesidades inmediatas de las masas: "Al puesto del
programa mínimo de los centristas o de los reformistas, la Internacional Comunista
coloca la lucha por las necesidades concretas del proletariado, por un sistema
de reivindicaciones que, en su conjunto, demuelan la potencia de la burguesía,
organicen el proletariado, constituyan las etapas de la lucha por la dictadura
proletaria y cada una de las cuales, en particular, exprese claramente las
necesidades de los mas amplios sectores de masas, aunque si estas masas no se coloquen,
aun, conscientemente en el terreno de la dictadura del proletariado".
Desde estos conceptos de
fondo y de este método, es que hay que partir, hoy, nuevamente.
Hoy también es necesario,
en el programa de un partido comunista, volver a partir desde estos conceptos y
este método. Se trata, obviamente, de volver a definir algunas reivindicaciones
en relación a un contexto histórico diferente; de volver a proponer la mayor
parte de los mismos objetivos que, en cambio, continúan a ser plenamente actuales;
pero sobretodo de retomar el sentido de aquellas consignas: o sea, la capacidad
de hacer comprensible a los ojos de las masas la necesidad de una perspectiva
anticapitalista.
Tesis 15 - LOS COMUNISTAS EN EL SINDICATO
Dentro del sindicato tiende a diferenciarse una capa
burocrática que, si bien se alza sobre las masas que representa, mantiene con
estas una relación dialéctica. La burocracia sindical reformista es sensible al
clima social: se adapta a los momentos de ascenso y de reflujo de las luchas,
justamente para no perder contacto con su propia base social. Los comunistas
deben construir en los sindicatos fracciones organizadas para arrancar a la
burocracia sindical reformista la hegemonía en la clase.
El sindicato es una de las
formas de organización que los trabajadores se han dado para defender sus
propios intereses de la sed de ganancias del capital. Para desarrollar este
papel el sindicato debe tender a organizar a la mayoría de los trabajadores. En
el transcurso de este desarrollo, dentro del sindicato se diferencia una capa
burocrática reformista que sostiene la línea de la colaboración de clases. Esta
capa, si bien se alza sobre las masas que representa, mantiene con estas una
relación dialéctica. Es también sensible al clima social: se adapta a los
momentos de ascenso y de reflujo de las luchas, justamente para no perder
contacto con su propia base social.
El origen y la fuerza de
esta burocracia deriva sea por el papel asumido como mediador de las
condiciones de venta de la fuerza-trabajo en el mercado capitalista, sea por
los lazos, siempre mas estrechos, que establece con la burguesía y sus
gobiernos, a través de los partidos reformistas y centristas del movimiento
obrero. El método general de trabajo de los comunistas en los sindicatos es,
por lo tanto, finalizado a arrancar a las masas de trabajadores de la
influencia de la burocracia sindical reformista y centrista: es la lucha por la
hegemonía revolucionaria. Dar las espaldas a este trabajo significa renunciar a
la lucha por la hegemonía de la clase.
Los comunistas que militan
en los sindicatos deben organizarse contra este estrato pequeño burgués y
parasitario, luchar por la democracia obrera, presentar sus propias plataformas
políticas-sindicales sobre las cuales ganar el consenso de los trabajadores,
teniendo como perspectiva la construcción del sindicato de clase. Aun
reconociendo la importancia central del trabajo en los sindicatos, al mismo
tiempo, no se debe hacer fetichismo de estos en la larga y dura batalla por la
revolución socialista.
En el transcurso de las
luchas y en el culmine de estas, los trabajadores se dan otros instrumentos
organizativos, como los Comités de lucha, los Consejos de fábrica y de empresa
(organismos diversos de las Rsu [Rsu: representantes sindicales unidos] de
empresa, sea por las diferentes modalidades de elección de delegados, que por
las relaciones con las organizaciones sindicales) y, en fases mas avanzadas,
los Soviet. Estas estructuras de democracia proletaria organizan masas de
trabajadores más amplias de los mismos sindicatos: la tarea del partido
comunista revolucionario es su conquista, de manera hegemónica, a la causa
revolucionaria, a la lucha por el socialismo. No es posible, ni siquiera como
hipótesis, la ruptura revolucionaria del sistema capitalista, la conquista del
poder político por la clase obrera, sin haber conquistado antes la mayoría de
la clase obrera, arrancado el control de categorías enteras a la burocracia
sindical reformista, enfrentado y derrotado a los partidos reformistas y
centristas en el combate por la dirección hegemónica del proletariado.
La confirmación de la
importancia política central de la clase obrera no es ideológica, sino que
deriva de su ubicación material en los mecanismos de usurpación de la plusvalía
en el marco del modo de producción capitalista. El capital vive solo en la
medida en que logra usurpar plusvalía, que no deriva de las maquinas. El
capitalismo esta condenado, por la concurrencia entre capitales, al máximo uso
posible de maquinas y automatización, pero no puede llevar este proceso hasta
el final a causa, precisamente, que el trabajo humano es la única fuente de
plusvalía.
El verdadero problema que
tiene la burguesía en esta fase histórica es como mantener los beneficios en
perjuicio de los trabajadores. La clase obrera italiana hoy esta mas
fragmentada, precaria y flexible, efecto combinado y compuesto por la crisis
económica que se descarga sobre las espaldas de los trabajadores, y por la
prevalencia en la estructura productiva del país de la pequeña y mediana
empresa. Una clase obrera mas fragmentada tiene mayor dificultad para
defenderse, por lo tanto debe crear en su propio seno condiciones para su
unidad.
La intervención homogénea de los comunistas en los
sindicatos, esta dado por el programa político-sindical de reivindicaciones
inmediatas y transitorias elaborado por el partido. El programa de transición
no solo debe tender a unificar a la clase, a sus diferentes categorías y
sectores, a los precarios y a los desocupados, y a las masas populares mediante
una plataforma unitaria en función de una causa general contra la patronal y el
gobierno; sino que, además de todo esto, en su articulación debe tender a
construir un puente entre las luchas inmediatas y la perspectiva socialista.
Sobre esta base
programática desarrollamos nuestra intervención, que esta al servicio de la
construcción de una oposición de clase y revolucionaria dentro de los
sindicatos para arrancar a la mayoría de los trabajadores de la influencia de
los burócratas reformistas (es decir, de quienes anteponen sus propios
intereses parasitarios a los de la clase) y sindicalistas (o sea, de quienes
anteponen las reivindicaciones inmediatas a la perspectiva socialista, llegando
a negar la función dirigente, e inclusive la necesidad, del partido
revolucionario); apuntamos al coordinamiento activo de las tendencias de clase
que se desarrollan y organizan en la
CGIL y en los otros sindicatos de izquierda, con la
perspectiva de la construcción del sindicato de clase.
Precisamente, es a partir
de la lucha contra las burocracias sindicales reformistas y centristas que el
empeño de los militantes comunistas en el sindicato se debe dirigir a
consolidar el propio partido, a conquistar a las vanguardias que los
trabajadores se dan en las luchas para la perspectiva comunista, y para la
militancia en el partido revolucionario.
Tesis 16 - EL PARTIDO DE VANGUARDIA
La clase obrera no ha "desaparecido", y no puede desaparecer
porque sin ella no existiría el capitalismo. Tampoco ha desaparecido la lucha
de clases, y no puede desaparecer mientras exista una sociedad dividida en
clases, enfrentadas estas por intereses vitales inconciliables. Pero el
constante renacer, con flujos y reflujos, de las luchas no conduce, de por si,
a la perspectiva socialista. Esta necesita un partido de vanguardia que
participe en todas las luchas para intentar encaminarlas a su desarrollo
lógico: la perspectiva de la conquista revolucionaria del poder. Así, hoy
continua a ser verdad lo que Trotsky escribía hace algunas décadas: "Sin el
partido, por fuera del partido, burlando el partido, con un sucedáneo del
partido, la revolución proletaria no puede vencer."
Una de las tesis que se
repite es aquella de la "integración" de los obreros en la sociedad burguesa;
otra - mas audaz - sanciona, nada menos, la "desaparición" de la clase obrera;
otra, aun, describe el inevitable "reflujo" y "abandono de la lucha" por parte
de los obreros. Estas teorizaciones se repiten, con pocas variantes, desde hace
más de cien años. El primero que hablo de la ausencia de "polarizacion" entre
las dos clases principales (negando, así, un postulado del análisis marxista)
fue el revisionista Bernstein, a inicios del novecientos. En general, estas
ideas resurgen y se consolidan simultáneamente con el giro a la derecha de los
partidos obreros y con su integración en el mundo burgués y en sus gobiernos.
Por esto, con mayor o menor
fineza (Revelli [teórico revisionista, famoso en Italia] no esta, por cierto, a
la altura de Bernstein), tienen como único objetivo aquel de decretar (en el
papel) la victoria "definitiva" de la burguesía y de su sistema social: o por
desaparición imaginaria del antagonista (la clase obrera); o por la presunta
incapacidad de esta de batirse contra las clases dominantes: o por
"fragmentación", "integración", asimilación", etc..
Pero el principal enemigo
de esta teorizacion es la realidad concreta de los hechos. El proletariado
(entendido no solo como clase obrera industrial, sino como, según el marxismo,
la masa de aquellos que son obligados a vender la propia fuerza trabajo por un
salario) crece constantemente, en forma paralela a la continua concentración
del capital (industrial y financiero, íntimamente relacionados). Los
asalariados aumentan no solo a escala internacional (con la contribución de
naciones populosas que se industrializan), sino que crece en los países
imperialistas: con el mismo desarrollo del terciario (que emplea - como
asalariados - millones de trabajadores en el transporte y en las
comunicaciones, que son, además, parte integrante de la producción industrial);
con la proletarización de las clases medias en el comercio (la gran
distribución que absorbe el pequeño negocio); e, inclusive, en la agricultura
(donde desaparece el pequeño cultivo a ventaja de las grandes empresas
agrícolas).
Al crecimiento objetivo del
proletariado corresponde, también, un desarrollo (con ritmos diferentes entre
los diversos países y con fases alternadas en cada uno de ellos) de sus luchas
contra la burguesía. Cíclicamente la clase obrera se moviliza. Esto ocurre
porque la lucha de clases es inevitable en una sociedad dividida en clases, en
la cual quien domina tiene la necesidad de explotar y quien es dominado debe
reaccionar para defenderse. Así, como el movimiento del diafragma en la
respiración no se puede detener indefinidamente por la simple voluntad, así la
voluntad de los "teóricos" no puede impedir el movimiento de la clase obrera.
Pero la lucha y los
movimientos no son en si suficientes para cambiar el sistema social existente.
Para obtener victorias inmediatas, inclusive parciales, para crecer a escala
nacional e internacional, cada lucha, cada huelga, tiene la necesidad de
enlaces, de organización, de una teoría general y de la memoria de las lucha
precedentes. Todo esto puede ser asegurado solo por un partido. El partido y el
movimiento se necesitan, como explica esta eficaz imagen de Trotsky: "Sin una
organización dirigente, la energía de las masas se volatilizaría como el vapor
que escapa de un cilindro a pistones" (de la Prefaccion de 1930 de
"Historia de la revolución Rusa").
En algunos casos, en
ausencia de un partido (o de su hegemonía sobre el movimiento) se pueden
determinar crecimientos, inclusive, revolucionarios. Pero ninguna revolución socialista es posible con la ausencia de
una dirección socialista que lleve al
movimiento la conciencia socialista.
El socialismo y la lucha de clases nacen, de hecho, juntos, no separados. En
este sentido, como argumenta Lenin en el ¿Que
hacer?, "la conciencia socialista es algo que penetra en la lucha de clases
desde el externo (por la relación productiva patrón-obrero) y no algo que surge
espontáneamente". Esto es así porque en su desarrollo "espontáneo" la clase
obrera tiende a subordinarse a la ideología dominante (aquella que afirma la
"naturalidad" de un sistema de producción en el cual una minúscula minoría de
hombres explota la grande mayoría de la humanidad, detentando el control de los
medios de producción).
El proceso de crecimiento
de la conciencia de clase se da en modo discontinuo y contradictorio. Discontinuo porque, en una fase de
ascenso, la conciencia de los trabajadores tiende a superar el particularismo y
a buscar formas de crecimiento; contradictorio
porque el proletariado no es homogéneo, sino que esta constituido por una serie
de capas concéntricas en sentido creciente y de conciencia en sentido
decreciente. Si la capa mas avanzada esta organizada en un partido, esta puede
ganar también, en el curso de las luchas, para el programa revolucionario, a las capas mas atrasadas y romper
parcialmente el, de otro modo, indiscutible dominio ideológico de la burguesía
(basado sobre su dominio material).
Solo un partido puede
conducir a la clase obrera a ser "clase para si", es decir, conciente del
propio papel de clase potencialmente dominante, o sea, a la conciencia
socialista, condensando a su alrededor las clases subalternas y demás sectores
oprimidos. Este partido no puede no ser pequeño en las fases de constitución
(allí donde serán mayoría los partidos reformistas). Pero no por esto debe
esperar a una inexistente "Hora X" para construirse: es mas, podrá
desarrollarse con ritmos extremamente veloces en una fase de ascenso de las
luchas, solo con la condición de llegar preparados, trabajando previamente para
organizar la "capa" mas concentrada, aquella mas avanzada, constituida por la
vanguardia (es decir, por aquellos trabajadores que en una determinada fase
empujan a luchar).
Este partido de tipo
particular - el partido de vanguardia - que fue teorizado y construido por los
bolcheviques y gracias al cual ganaron en Octubre del '17, es el partido que
nosotros nos empeñamos a construir. Un partido que entiende construirse en las
luchas y en las reivindicaciones de todos los trabajadores y oprimidos; por eso
nuestra acción, en relación a los trabajadores, no puede limitarse al simple
apoyo, fragmentado, de cada conflicto, sino que debe ir mas allá, en la
dirección de una recomposición de todas las reivindicaciones de los explotados
y de los oprimidos que tenga como motor, como eje central, la misma clase
obrera.
Para hacerlo es necesario
construir un partido, no solo programáticamente, sino también
organizativamente, obrero; en la primera fase de construcción es posible que el
cuerpo militante del partido no sea mayoritariamente obrero: la naturaleza de
clase de un partido se determina, sobretodo, por el programa, que ha su vez
influye dialécticamente en el desarrollo de su composición. Una correcta línea
político-organizativa debe, sin embargo, caminar en esta dirección, según dos
directrices generales: el eje de la acción y, justamente, el programa.
El eje de la acción: entre
los obreros y por la formación de un numero siempre mayor de cuadros obreros
del partido (obviamente sin abandonar ninguna lucha que atraviese la sociedad y
evitando soluciones obreristas, en el sentido negativo, y sectarias); y el
programa: porque es a partir de la participación en las luchas, bajo una
dirección consecuente, que se puede desarrollar en los obreros la conciencia
socialista. Por lo tanto, la tarea principal en esta fase consiste en
privilegiar nuestro arraigo en la clase, desarrollando dentro de ella una
acción concentrada de propaganda, agitación y lucha, con el fin de construir un
partido obrero de vanguardia.
Tesis 17 - LOS PRINCIPIOS ORGANIZATIVOS DEL PARTIDO OBRERO
QUE QUEREMOS CONSTRUIR
El partido de vanguardia es un partido de cuadros: solo así
puede transformar en vanguardia amplios sectores de trabajadores. Los criterios
de afiliación y, más en general, los principios políticos-organizativos sobre
los cuales queremos construir el nuevo partido son los mismos sobre los cuales
se ha basado el marxismo revolucionario de los bolcheviques, de la Internacional Comunista
de los primeros años y de la Cuarta Internacional antes de su disgregación.
Por lo tanto, un partido de militantes, basado en el centralismo democrático,
es decir, en el conjunto de normas de funcionamiento que, garantizando la
elaboración colectiva, el principio de mayoría y los derechos de las minorías,
consienta la máxima eficacia del partido.
A cada programa corresponde
un partido. El partido que quiere destruir el capitalismo es diferente a todos
los demás, es un partido de vanguardia. Un partido que es, contemporáneamente,
integrado y separado (o sea, distinto) de la clase, se propone dirigir la parte
más avanzada y, en perspectiva, influenciar sectores de masa: es, por lo tanto,
un partido de cuadros. Porque esta es la condición necesaria - así lo sostenía
Lenin, y así lo ha confirmado toda la historia sucesiva - para ser capaz "de
alzar capas, cada vez más amplias, al nivel de vanguardia". Un partido, es
decir, que no inscribe cualquier manifestante y no esta compuesto por una masa
amorfa de afiliados: selecciona y forma cuadros dirigentes de las luchas.
La adhesión al partido
responde a los criterios ya indicados por los bolcheviques en el enfrentamiento
crucial del año 1903, che los opuso a la concepción organizativa (y, así,
política, como se vera mejor cuando en 1917 los mencheviques se posicionaron
con el gobierno liberal burgués) de los mencheviques. Obviamente, hoy nosotros
no somos comparables a un partido como el bolchevique, ni siquiera en sus
primeros años de vida. Pero, a diferencia de los centristas (que remiten el ¿Que hacer? a la "particularidad rusa"),
nosotros no relativizamos los conceptos político-organizativos del bolchevismo,
que de hecho eran entendidos como universales, llegando a constituir el
arquitrabe de las tesis de los primeros congresos de la Internacional. Si
las etapas de construcción de un partido son diferentes según su talla, los
principios generales no cambian.
Los criterios para adherir
al partido son: acuerdo con el programa general, la militancia regular, pagar
las cotizaciones para el financiamiento del partido, aceptar la disciplina, o
sea, el centralismo democrático. La diferencia entre militante y simpatizante
(es decir, aquellos que manifiestan acuerdo general, pero no están dispuestos a
seguir los criterios aquí elencados) debe ser clara. Solo con la militancia se
obtiene el derecho de definir la línea y las estructuras del partido. Esta es,
además, la única forma no solo eficaz sino también efectivamente democrática,
que rechaza la falsa "apertura" de los partidos de masas, en los cuales
cualquiera tiene derechos, basta que este afiliado, para decidir, inclusive
cuando no participa de la militancia, de la discusión y de la construcción
cotidiana del partido (terminando generalmente por apoyar de manera acrílica al
líder de turno).
La adhesión es una decisión
individual, pero también el partido tiene el derecho a evaluar el efectivo
acuerdo de quien quiere entrar en sus filas. Para garantizar esta posibilidad,
cada nuevo militante es, en la fase inicial (de seis meses), "candidato", es
decir, tiene los mismos deberes de los otros militantes, pero no goza de
derechos de elección y su voto es consultivo. Al final de esta fase, será su
estructura de base a votar su aceptación como militante efectivo.
El principio
político-organizativo que forma el partido que queremos construir es el
centralismo democrático. No su caricatura stalinista, sino la modalidad
realizada por el partido bolchevique y por las secciones de la Internacional Comunista
en sus primeros años, así como las secciones de la Cuarta Internacional
antes de su desintegración en los años '50.
El centralismo democrático
no es una norma jurídica abstracta, sino una modalidad para garantizar la
realización de los objetivos revolucionarios del partido. Este supone una
fuerte centralización y una disciplina sin la cual el partido no podría
proponerse la tarea histórica de dirigir las masas contra la vieja sociedad
burguesa.
El centralismo democrático
contempla la máxima discusión interna, interpretada no como un ejercicio de
afirmación individual, sino como pasaje a través del cual poder asumir las
decisiones correspondientes a las necesidades del partido, fruto de una
elaboración realmente colectiva, que comprometa a todos los militantes y
que no sean decididas únicamente por algún
líder mas o menos iluminado.
Para que la discusión sea
realmente funcional a un partido concebido como organización de lucha, esta
debe ser reglamentada por el principio de mayoría, que implica la total y leal
disciplina de cada uno y de eventuales minorías en el momento de aplicación de
la línea discutida, de manera que el partido se presente al externo en modo
uniforme, con completa unidad en la acción. Para que la disciplina sea real y
fruto de la convicción, es necesario que el partido garantice, sea durante la
fase de elaboración de una decisión que sucesivamente - siempre con la
condición de la aplicación unitaria -, la posibilidad a las minorías de pasar a
ser mayoría. Esto implica el reconocimiento del derecho a constituir tendencias
(cuando el desacuerdo es sobre cuestiones particulares) y fracciones internas
(cuando el desacuerdo es sobre aspectos generales) para sostener en modo
organizado, con otros militantes, una batalla política abierta a modificar las
orientaciones del partido.
Diferencias de opiniones y,
si es necesario, tendencias y fracciones internas hacen parte de la fisiológica
actividad de un partido vivo. Otra cosa es una fracción pública (es decir,
explícitamente al externo del partido, con posiciones diversas a aquellas
asumidas por la mayoría): esta puede ser consentida por el partido solo en
casos extremos (como ultimo tentativo de mantener un marco unitario), pero no
constituye un derecho en todo momento, sino la excepción a la norma. También en
estos casos, sin embargo, cada militante del partido se disciplina siempre en
la acción a la línea definida por la mayoría.
Tesis 18 - PORQUE UN PARTIDO TROTSKISTA
Los ejes fundamentales de nuestro partido son aquellos del
marxismo revolucionario: un largo hilo rojo que a partir de la Liga de los Comunistas de
Marx y Engels se desarrolla en la construcción del partido bolchevique de Lenin
en la Revolución
de Octubre; así, en la construcción de la Tercera Internacional
de Lenin y Trotsky, como partido de la revolución mundial; finalmente en la
lucha de Lenin hasta el 1924 y de
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